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29
Ago
2026
Tapian el acceso a una parcela de la calle Cáncana que acogía una colonia felina PDF Imprimir E-mail
TorreNews - Sociedad Torrejón
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Los vecinos llevaban meses denunciando una plaga de ratas

El conflicto en la calle Cáncana que enfrenta a vecinos y a la asociación E.V.A. por la gestión de una colonia felina registrada desde 2011 ha escalado en los últimos días, y es que la Asociación de Protección Animal E.V.A. ha denunciado que el Ayuntamiento de Torrejón de Ardoz ha ordenado sellar el acceso a la colonia, donde viven gatos comunitarios gestionados mediante el método CER (captura, esterilización y retorno).

Según E.V.A., el alcalde, Alejandro Navarro, se ha personado en el lugar acompañado de dos concejales y ha requerido al propietario del solar que tape el hueco por el que entran y salen los gatos, bajo amenaza de sanción. La asociación teme que los animales queden atrapados en el interior y que no puedan recibir alimento, agua ni atención veterinaria.

El malestar vecinal tiene una razón de fondo que la protectora no menciona en su denuncia: los residentes de la calle Cáncana llevan tiempo denunciando una plaga de ratas en la zona, que achacan a la propia colonia de gatos. Según las quejas vecinales, la calle presenta una acumulación de ratas muertas y palomas, generando una situación insalubre que ha llevado al Ayuntamiento a reforzar la lucha contra plagas por el calor.

La paradoja es que los gatos son depredadores naturales de ratas y roedores, y las colonias felinas gestionadas con el método CER son una herramienta reconocida para el control ético de plagas urbanas. Sin embargo, los vecinos consideran que, en este caso, el equilibrio se ha roto. La tensión ha escalado hasta el punto de que la gestora de la colonia, Mercedes, que además presenta problemas de salud y se desplaza con un andador, ha denunciado una situación continuada de acoso, amenazas, insultos y sabotaje contra ella y contra su trabajo de cuidado de los animales.

Según el escrito de reclamación presentado en julio de 2026, la gestora ha sufrido insultos vejatorios, así como amenazas directas contra los animales: “vamos a matar a los gatos”. Los presuntos responsables habrían llegado a lanzar objetos contundentes contra ella y a sabotear el material destinado al cuidado de la colonia. La Ley 7/2023, de protección de los derechos y el bienestar de los animales, obliga a los ayuntamientos a gestionar las colonias felinas de forma ética mediante programas estructurados . La retirada o reubicación de gatos comunitarios solo está permitida en supuestos excepcionales y debidamente justificados.

El Ayuntamiento, que conoce la colonia desde 2011 y la tiene registrada, se encuentra ahora en una posición incómoda: debe garantizar la salubridad pública y atender las quejas vecinales por la plaga de ratas, pero la ley le obliga a gestionar las colonias felinas de forma ética y a no retirar animales sin un procedimiento justificado. El conflicto de la calle Cáncana enfrenta dos derechos legítimos: el de los vecinos a vivir en un entorno salubre y el de los animales a no ser sacrificados o abandonados. La asociación E.V.A. exige la apertura inmediata del acceso, la suspensión de cualquier retirada de animales y garantías de que ningún animal quedará encerrado o privado de alimento y agua. Mientras tanto, los gatos siguen en el centro de la tormenta, y los vecinos, en su derecho a reclamar soluciones, han encontrado en la gestora un blanco fácil para su frustración.

La guerra de la colonia felina de Torrejón esconde una contradicción biológica que explica por qué los vecinos están tan enfadados y por qué los gatos, en lugar de ser la solución, se han convertido en parte del problema. La cultura popular ha instalado la imagen del gato como un depredador infalible de roedores. Pero la ciencia dice lo contrario. Los gatos, simplemente, no son buenos cazadores de ratas. Un estudio realizado en un vertedero de Brooklyn, donde convivían gatos callejeros y una colonia de ratas, lo demostró con cifras: durante 79 días de observación, los gatos solo lograron matar dos ratas. En más de 300 grabaciones, solo se registraron 20 intentos de acecho .

¿La razón? Las ratas urbanas son grandes y peligrosas. Una rata adulta puede pesar más de 400 gramos, unas diez veces el peso de un ratón promedio . Los gatos, que están anatómicamente afinados para presas pequeñas y dóciles (aves, ratones, insectos), prefieren evitar el enfrentamiento con un animal que puede plantarles cara y morder . Pero hay un factor que explica lo que ocurre en la calle Cáncana: los gatos alimentados no cazan ratas porque no lo necesitan.

Cuando los gatos tienen comida asegurada (pienso seco, restos que dejan los vecinos o la propia gestora de la colonia), su necesidad de cazar disminuye drásticamente. Y el problema se agrava porque la comida que atrae a los gatos también atrae a las ratas. Los roedores son omnívoros y acuden a los restos de alimento cuando los gatos ya no están, aumentando su presencia y facilitando su reproducción. En la calle Cáncana ha ocurrido exactamente eso: la colonia de gatos, alimentada regularmente, ha dejado de ser un control de plagas para convertirse en un foco que atrae a las ratas. Los vecinos ven ratas muertas y palomas, acumulación de excrementos, y asocian todo ello a la colonia.

Además, la presencia de gatos genera un efecto engañoso: las ratas cambian su comportamiento. Ante un depredador, las ratas reducen su actividad superficial, se vuelven hasta cien veces menos visibles y pasan más tiempo escondidas en sus madrigueras. Eso crea la ilusión de que los gatos han "limpiado" la zona, pero en realidad la población de roedores sigue ahí, oculta y activa en otros horarios. Los vecinos de la calle Cáncana han visto ratas muertas porque los gatos, aunque raramente, sí cazan alguna. Pero también han visto cómo el problema persiste o empeora porque la colonia no está haciendo el trabajo de control que se supone que debería hacer.

Los gatos no atraen ratas por sí mismos. Las atraen porque la comida que se les proporciona para mantenerlos también alimenta a los roedores, y porque los gatos, al no tener hambre, no las cazan con la eficacia que la leyenda popular les atribuye . En Torrejón, el Ayuntamiento ha hecho lo que cualquier administración haría: ha señalado al propietario del solar como responsable de la plaga y le ha exigido que la solucione. El dueño, para evitarse una sanción, ha tapiado el acceso. Los gatos quedan atrapados, la gestora denuncia, los vecinos se sienten aliviados pero no solucionados, y la paradoja sigue abierta: en lugar de controlar la plaga, la colonia se ha convertido en el chivo expiatorio de un problema que ella misma, sin querer, ha contribuido a agravar.

 

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