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02
Abr
2026
Los capuchinos prohíben la salida del Cristo Yacente de El Pardo PDF Imprimir E-mail
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En su lugar podrá visitarse en el Convento

Mientras Madrid se prepara para vivir sus procesiones más destacadas de Semana Santa, en el distrito de Fuencarral-El Pardo el ambiente es de decepción. Este año, los vecinos no podrán ver salir a la calle al tradicional Cristo Yacente, una de las imágenes más queridas del barrio, cuya procesión del Viernes Santo era una cita ineludible para cientos de fieles.

La talla, de gran valor artístico y devocional, tiene su custodia a cargo de los hermanos capuchinos. Precisamente, esta es la razón que han esgrimido para decidir que la imagen no procesione este Viernes Santo, con el objetivo de preservar su estado y garantizar su conservación. Una decisión que, aunque basada en criterios de protección patrimonial, ha dejado un profundo malestar entre los devotos.

La ausencia del Cristo Yacente rompe así con una costumbre que cada año reunía a numerosos fieles y curiosos en un recorrido marcado por el recogimiento y la tradición. La procesión del Viernes Santo en Fuencarral-El Pardo era una de las citas más esperadas de la Semana Santa en el distrito, y su suspensión ha sido recibida con decepción por una comunidad que veía en ella un símbolo de identidad y arraigo.

Muchos vecinos consideran esta procesión una cita fundamental en la vida del barrio, y la decisión de los capuchinos ha generado un debate sobre el equilibrio entre la conservación del patrimonio y el mantenimiento de las tradiciones populares. En los últimos años, la procesión había ido ganando en participación y devoción, consolidándose como uno de los actos más destacados del distrito durante la Semana Santa.

A pesar de la suspensión de la procesión, la imagen del Cristo Yacente permanecerá expuesta en el convento de los hermanos capuchinos, donde los devotos podrán acercarse a contemplarla, aunque sin el habitual traslado por las calles que caracteriza a estas fechas. Para aquellos que cada año acompañaban a la imagen en su recorrido, no será lo mismo.

La decisión de los capuchinos, aunque comprensible desde el punto de vista de la conservación, ha dejado un vacío en el calendario cofrade del distrito. Fuencarral-El Pardo se queda este Viernes Santo sin una de sus tradiciones más arraigadas, y los vecinos deberán esperar al próximo año para saber si la imagen volverá a salir a la calle o si esta suspensión se convierte en definitiva.

Mientras tanto, la Semana Santa en Madrid continúa su curso, pero en este rincón de la capital el ambiente es de tristeza. La ausencia del Cristo Yacente es, para muchos, una pérdida que va más allá de lo religioso: es la ruptura de una tradición que formaba parte de la identidad del barrio y de la memoria colectiva de sus vecinos.

La decisión de los hermanos capuchinos de no sacar este Viernes Santo al Cristo Yacente de El Pardo ha generado decepción entre los vecinos del distrito, que consideran esta procesión una cita fundamental en la vida del barrio. Pero más allá de la polémica, la imagen que permanecerá en el convento es una de las obras cumbre de la escultura barroca española, tallada por Gregorio Fernández (1576-1636), el máximo exponente de la imaginería castellana del siglo XVII .

El origen del Cristo Yacente de El Pardo está unido a la monarquía española. Según la tradición, fue encargado por el rey Felipe III en 1605 como ofrenda por el nacimiento de su primer hijo varón, el futuro Felipe IV, que había visto la luz el Viernes Santo de aquel año en Valladolid, donde entonces residía la corte . No obstante, algunos historiadores como Juan José Martín González retrasan su ejecución a 1614-1615, basándose en la excepcional calidad de la pieza —propia de un artista en plena madurez— y en un documento de 1614 encontrado en el Archivo de Simancas en el que se menciona un "Cristo para El Pardo" . Lo que sí está fuera de toda duda es que Felipe IV donó la imagen al convento de los Padres Capuchinos de El Pardo en el año 1615, y desde entonces ha permanecido en este enclave, salvo algunos periodos coincidentes con conflictos bélicos .

Gregorio Fernández, al que Felipe IV consideró "el escultor de mayor primor que hay en estos mis reinos", creó un modelo de Cristo Yacente que sus sucesores repetirían hasta la saciedad . De su gubia salieron hasta quince imágenes de este tema, siendo la de El Pardo, junto con la del Museo Nacional de Escultura de Valladolid, la de mayor valor artístico . Mide 1,60 metros y está tallada en madera de pino policromada al óleo, ahuecada en su reverso para aligerar peso y prevenir movimientos estructurales .

La imagen está concebida para ser contemplada lateralmente, con la cabeza inclinada hacia la derecha apoyada sobre una almohada y una de las piernas más levantada que la otra, una disposición que garantiza una correcta contemplación por parte de los fieles durante los desfiles procesionales . Los expertos la consideran una obra de transición entre el manierismo de los primeros años del escultor y el naturalismo casi obsesivo de sus etapas finales . En ella, Fernández emplea ya recursos realistas como ojos de cristal, coágulos de sangre elaborados con corcho y vidrio rojo, y una espina auténtica atravesando una ceja .

La imagen ha sido desde sus primeros momentos intenso foco de devoción, no solo del pueblo llano sino también de la Casa Real. La reina Bárbara de Braganza le bordó en 1749 un terno de su propia mano, y el rey Carlos III se convirtió en un gran propulsor de su devoción . Durante la Guerra de la Independencia, los franceses intentaron hacerse con ella, pero fue ocultada por una familia de El Pardo . En 1837, fue trasladada al Buen Retiro para protegerla, regresando al convento en 1850 .

Con el estallido de la Guerra Civil en 1936, la imagen fue sacada del convento y ocultada sucesivamente en el Palacio de El Pardo, en San Francisco el Grande y finalmente en el Museo del Prado, donde permaneció hasta 1939 . Se conoce el gran interés que por el Cristo tenía una comisión artística rusa que pretendió adquirirlo para el Museo del Hermitage en San Petersburgo . En 1940, el general Francisco Franco costeó las obras de una nueva urna para la imagen, diseñada por Félix Granda . Desde 1947, sin ser custodiada por cofradía alguna, procesionaba cada Viernes Santo por las calles del distrito de El Pardo, hasta que este año los hermanos capuchinos han decidido suspender su salida para preservar su estado .

El escultor Mariano Benlliure, autor del Divino Cautivo que cada Jueves Santo recorre el barrio de Salamanca, dijo de esta imagen: "Delante de esta imagen se pone uno de rodillas sin querer" .

 

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