A las tres de la madrugada volverán a ser las dos
La madrugada del sábado 24 al domingo 25 de octubre será el momento en que volverá a cambiar la hora en España: a las 03:00 los relojes se retrasarán 60 minutos para marcar las 02:00, y en Canarias el ajuste se realizará a las 02:00, cuando pasarán a ser la 01:00, dando comienzo así al horario de invierno. Se acerca la noche en la que podremos dormir una hora más a cambio de reducir las horas de luz por la tarde, un cambio que se repite dos veces al año pero que es una práctica cada vez más cuestionada.
El principal argumento histórico para mantenerlo es el ahorro energético, un argumento que actualmente es objeto de debate mientras se va dando más importancia a los posibles efectos sobre el sueño, la salud y el bienestar, lo que ha alimentado las peticiones para acabar con los ajustes horarios estacionales. Durante décadas el cambio de hora se ha defendido como una medida para aprovechar mejor la luz natural adaptándola al horario de trabajo y reducir el consumo eléctrico, pero el beneficio económico está cuestionado en la actualidad: las estimaciones históricas del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía apuntaban a un ahorro en iluminación de unos seis euros anuales por hogar, pero la generalización de las bombillas LED, los electrodomésticos más eficientes y los sistemas de climatización modernos ha cambiado las condiciones en las que se justificaba esta medida. Además, el ahorro que puede conseguirse en determinadas horas no implica necesariamente una reducción equivalente del consumo total, ya que con el horario de invierno anochece antes y muchos hogares encienden la iluminación y la calefacción más temprano por la tarde, y el resultado depende también de los hábitos de consumo, la climatización y las condiciones de cada territorio. Por eso la utilidad energética del cambio horario continúa siendo objeto de debate y no existe una cifra única que permita afirmar que el ajuste bianual genera hoy un ahorro sustancial.
El cambio horario de este sábado no será el último: según el calendario publicado para los próximos años, los relojes volverán a adelantarse en la madrugada del domingo 28 de marzo de 2027, cuando las 02:00 pasarán a ser las 03:00, y el siguiente cambio al horario de invierno tendrá lugar el domingo 31 de octubre de 2027. Estas fechas forman parte de la orden ministerial que recoge los cambios horarios previstos desde 2022 hasta 2026, y la continuidad del sistema más allá de ese periodo dependerá de las decisiones que se adopten en el ámbito europeo y de la normativa que se apruebe para los años siguientes.
El debate sobre el cambio de hora también se cruza con otra particularidad del horario español: la península ibérica comparte hora oficial con países de Europa central pese a que geográficamente le correspondería el huso de Greenwich, como Portugal y el Reino Unido, y con el horario de invierno España se rige por un horario que se adelanta una hora sobre la hora solar en Península y Baleares, mientras que en verano el adelanto es de dos horas. La explicación se remonta a 1940, cuando se adelantaron una hora los relojes para adaptar el horario español al de la Europa central en un contexto marcado por la Segunda Guerra Mundial, una medida que se tomó en consonancia con otros países europeos de la época, como Francia, para sincronizar las operaciones y la logística con la Europa ocupada y controlada por la Alemania nazi, y que no se revirtió al terminar el conflicto, de modo que el país mantuvo desde entonces ese desfase respecto a su posición geográfica. Esta circunstancia contribuye a explicar que en España amanezca y anochezca más tarde, según el reloj, que en otros países europeos, y también influye en la organización de la jornada, aunque los horarios laborales, comerciales y sociales responden a múltiples factores y no únicamente al huso horario.
El Gobierno español intentó reactivar el debate europeo sobre la supresión del cambio estacional y propuso poner fin a los ajustes en 2026, entre cuyos argumentos figuraban el respaldo ciudadano a la medida, la falta de pruebas concluyentes sobre un ahorro energético significativo y las posibles consecuencias negativas para la salud y el bienestar, pero la propuesta no se ha traducido por ahora en una decisión definitiva, ya que para eliminar el sistema común es necesario avanzar en el marco institucional de la Unión Europea y resolver las diferencias entre los Estados miembros sobre qué horario mantener de forma permanente. El debate no es nuevo: en 2019 la Comisión Europea impulsó una iniciativa para que cada país pudiera elegir entre mantener el horario de verano o el de invierno de forma permanente, pero las discrepancias entre los gobiernos sobre la opción que debía adoptar cada territorio dejaron la propuesta paralizada, y más recientemente el comisario europeo de Transportes, Apostolos Tzitzikostas, se mostró favorable a terminar con el cambio bianual por las complicaciones que genera en la sociedad y la economía, aunque no se han concretado avances que permitan anticipar cuándo podría desaparecer. Por el momento, los relojes seguirán cambiando dos veces al año y la madrugada del 25 de octubre habrá que retrasarlos una hora, mientras Europa continúa sin cerrar un debate que lleva años sobre la mesa. |