Visitaron el Vaticano en el 45 aniversario de la tragedia
La Federación Nacional de Víctimas del Síndrome del Aceite Tóxico ha llevado hasta el Vaticano la voz de un colectivo que, 45 años después de la tragedia, sigue reclamando memoria, dignidad, atención y reconocimiento. El pasado 16 de septiembre, su presidente, Miguel Ángel Sánchez Ávila, pudo encontrarse con el Papa León XIV y trasladarle, en nombre de las personas afectadas y de sus familias, una realidad que continúa viva más de cuatro décadas después de la tragedia de 1981, y le hizo entrega de un dosier en el que se recoge la historia del Síndrome del Aceite Tóxico, sus consecuencias sanitarias y sociales, la situación actual de las víctimas y su testimonio personal.
Sánchez Ávila tenía solo once años cuando el Síndrome del Aceite Tóxico entró en su vida: permaneció ingresado junto a su madre durante los primeros meses de la tragedia y ambos fueron dados de alta después de meses de hospitalización porque los médicos les comunicaron que ya no podían hacer nada más por ellos. Aquella misma noche, el 18 de octubre de 1981, su madre falleció, y él sobrevivió, pero desde entonces su vida ha quedado marcada por una enfermedad crónica, multisistémica y discapacitante que le ha obligado a convivir durante 45 años con limitaciones, tratamientos, pruebas médicas y una dependencia creciente. Su historia personal fue incluida en el dosier entregado al Papa como ejemplo de una realidad que, según FENVISAT, comparten miles de víctimas y familias, y el mensaje que quiso hacer llegar al Santo Padre fue claro: no somos solamente enfermos, somos víctimas enfermas.
La Federación pidió al Papa una palabra de cercanía y esperanza para las personas que continúan sufriendo las consecuencias del Síndrome del Aceite Tóxico y para sus familias y cuidadores, y recordó que, después de 45 años, muchas de aquellas víctimas son hoy personas mayores, con importantes discapacidades y necesidades de dependencia, algunas de las cuales fueron niños cuando enfermaron y han llegado a la edad adulta sin haber podido desarrollar una vida laboral normal. Para FENVISAT, uno de los principales mensajes trasladados es que la tragedia no terminó en 1981: terminó la emergencia sanitaria inicial, pero no sus consecuencias, ya que las personas afectadas continúan padeciendo secuelas que pueden afectar a distintos órganos y sistemas mientras muchas familias siguen soportando las consecuencias económicas, sociales y emocionales de una enfermedad que las acompaña desde hace más de cuatro décadas, por lo que reclama una atención sociosanitaria especializada, mejor coordinación entre administraciones, investigación, protección social y medidas específicas para las personas con discapacidad y dependencia y para sus cuidadores familiares.
Uno de los momentos más importantes del mensaje llevado al Vaticano fue el recuerdo de las personas fallecidas durante estos 45 años, y la organización considera especialmente importante que, cuando se cumplan 50 años de la tragedia, pueda celebrarse un acto de memoria y reconocimiento a las víctimas fallecidas y a todas las familias que continúan padeciendo sus consecuencias. El encuentro tuvo además un significado especial para Peñaranda de Bracamonte y Salamanca, ya que Sánchez Ávila habló al Papa de su localidad y de las personas que han acompañado a las víctimas durante estos años, y le hizo entrega de un libro ofrecido por el párroco de Peñaranda de Bracamonte, Lauren Sevillano Arroyo, a quien FENVISAT agradece públicamente su compromiso y sensibilidad. Para Miguel Ángel Sánchez, el encuentro no supone el final de una reivindicación, sino un nuevo impulso para continuar trabajando, y ha afirmado que han sido 45 años de sufrimiento, pero también 45 años de lucha, y que no quieren compasión, sino que se conozca su historia, se reconozca lo que han vivido y las víctimas puedan afrontar el futuro con dignidad. FENVISAT continuará reclamando ante las instituciones una atención sanitaria y social adecuada, el reconocimiento efectivo de los derechos de las víctimas, apoyo a las personas dependientes y a sus cuidadores, investigación y, sobre todo, memoria, porque detrás de las cifras hay personas, familias y vidas que cambiaron para siempre y España no debe olvidar. |