|
Ceuta guarda en sus calles más de tres mil años de historia y leyenda
Ceuta es más que un punto en el mapa. Es un territorio de 18,5 kilómetros cuadrados en la costa norte de África, separado de la península por apenas 14 kilómetros de mar, donde la historia de España y Marruecos se encuentra, se desencuentra y se vuelve a encontrar desde hace más de tres milenios. A finales de julio de 2026, unas 72.000 personas cruzaron de forma irregular la frontera en solo dos días, un récord que ha puesto la ciudad en el centro del debate político y ha elevado la tensión con Marruecos a niveles no vistos en décadas. Para entender lo que ocurre hoy en Ceuta, hay que recorrer los más de 3.000 años de historia y leyenda que la han convertido en lo que es: un enclave estratégico, una ciudad de frontera y un símbolo de soberanía.
La historia de Ceuta se pierde en la noche de los tiempos, y su fundación está envuelta en leyendas que la conectan con los relatos más antiguos de la humanidad. La tradición más extendida atribuye su origen a Ceit, un supuesto nieto de Noé. Según esta leyenda, Ceit habría fundado la ciudad unos doscientos treinta años después del Diluvio Universal. El nombre de Ceit no fue casual. En lengua caldea, la antigua lengua de Mesopotamia, "Ceit" significa "Principio de hermosura". Los fundadores habrían elegido ese nombre para destacar la gran belleza de la ciudad, una belleza que poetas y viajeros de todas las épocas han ensalzado.
Para darle un toque aún más legendario a esta fundación, se alude al hallazgo de una inscripción en la que el propio Ceit asume su papel fundacional con una profecía inquietante: "Yo poblé de mi linaje esta ciudad, sus habitantes serán famosos, tiempo vendrá en que sobre su dominio se esparcirá mucha sangre de naciones diversas, pero hasta el último siglo permanecerá su nombre".
Una profecía que, vista con la perspectiva de los siglos, adquiere una dimensión escalofriante. No es la única tradición que vincula Ceuta con la estirpe de Noé. La tradición judía, por su parte, atribuye la fundación de la ciudad a Sabtah, hijo de Cush y nieto de Cam. También hay quien sostiene que fue Septh, otro hijo de Noé, el primer poblador. Lo que todas estas leyendas comparten es la idea de que Ceuta es una ciudad tan antigua como la propia humanidad, un lugar que estuvo habitado desde los albores de la civilización.
Más allá de la leyenda, el origen del nombre de Ceuta tiene una explicación geográfica. La ciudad se asienta sobre un istmo formado por siete colinas que conectan el Monte Hacho con la península de la Almina. Los griegos, que conocían bien este enclave, la llamaban Hepta Adelphoi, que significa "Siete Hermanos". Los romanos, fieles a su costumbre de latinizar los nombres, la denominaron Septem Fratres.
De esa raíz latina "septem" (siete) evolucionó fonéticamente el nombre actual: Septem > Septa > Sebta > Ceuta. El historiador romano Pomponio Mela explicaba: "A la fortaleza que allí se alza los nativos la llaman Septo, por las siete colinas que pueden verse en ese lugar, ya que septem significa 'siete' en lengua latina". Esta topografía de siete colinas ha dado a Ceuta el sobrenombre de "la ciudad de las siete colinas", compartido con Roma, Lisboa y otras ciudades históricas. Cada una de esas colinas ha sido testigo de la historia de la ciudad, desde sus orígenes fenicios hasta la actualidad.
Pero si hay una leyenda que ha marcado la identidad de Ceuta más que ninguna otra, es la de las Columnas de Hércules. Según la mitología griega, Hércules, en su décimo trabajo, debía robar los bueyes del gigante Gerión. Para llegar a la isla donde este habitaba, Hércules, con su inmensa fuerza, separó los montes que unían Europa y África, creando así el Estrecho de Gibraltar.
Las dos elevaciones que quedaron a cada lado del estrecho fueron identificadas como las Columnas de Hércules: Calpe en Europa (el Peñón de Gibraltar) y Abyla en África. La identidad de la columna sur ha sido objeto de debate a lo largo de la historia, siendo los dos candidatos más probables el Monte Hacho en Ceuta y el Monte Musa en Marruecos. Sin embargo, la tradición más arraigada identifica Abyla con el Monte Hacho.
Los antiguos navegantes veían estas columnas como la señal del fin del mundo conocido: el Non Terrae Plus Ultra (No hay tierra más allá). Más allá de ellas, se creía que el océano era un lugar de tinieblas, monstruos y tempestades. La ironía de la historia quiso que, siglos después, la corona española adoptase precisamente estas columnas en el escudo de armas, pero con la inscripción invertida: Plus Ultra, para simbolizar que el imperio había demostrado que sí había tierra más allá.
La conexión mitológica de Ceuta no termina con Hércules. Hay quien dice que el Monte Hacho no es solo una columna, sino que la montaña es el mismísimo Atlas, el titán condenado por Zeus a sostener la bóveda celeste sobre sus hombros para siempre. Fuentes antiguas, como el geógrafo Estrabón, sitúan a Atlas precisamente en la región del Estrecho, junto a las Columnas de Hércules.
Algunas versiones incluso hablan de que el titán, tras ser liberado o en un giro del mito, quedó petrificado, convirtiéndose en la misma montaña que hoy vemos. El Jebel Musa, la otra montaña candidata a ser la columna sur, es conocido popularmente como "La mujer muerta" o "El atlante dormido", por la forma que sus siluetas dibujan en el horizonte.
La conexión entre Atlas y la región del Estrecho es profunda. El nombre mismo del Océano Atlántico deriva del de este titán, y los antiguos griegos creían que era el lugar donde Atlas cumplía su castigo. El poeta Homero ya mencionaba estas columnas con el nombre de "Columnas de Atlas" mucho antes de asociarlas directamente con Hércules.
La mitología de Ceuta también tiene un capítulo dedicado al amor y la nostalgia. Según cuenta la Odisea de Homero, Calipso, hija de Atlas, vivía en la actual península de Ceuta, conocida antiguamente como la Isla de Ogigia. Calipso salvó la vida de Ulises cuando este naufragó a causa de una tormenta en el estrecho de Gibraltar, mientras regresaba de la guerra de Troya al reino de Ítaca.
La Odisea narra el periodo en el que Calipso convivió con Ulises durante diez años, y fruto de esa relación tuvieron tres hijos: Nausithous, Nausinous y Latino. La ninfa, que mantenía a Ulises prisionero por amor, tuvo que liberarlo finalmente por orden de Zeus. La escultura de Calipso, obra del artista ceutí Ginés Serrán-Pagán, se alza hoy en el paseo Revellín de Ceuta como recordatorio de este mito.
A lo largo de los siglos, Ceuta ha acumulado otras muchas leyendas que enriquecen su patrimonio inmaterial.
Maykasa y la reconstrucción de Ceuta: Tras ser arrasada en el año 740 como consecuencia de sangrientos enfrentamientos entre tribus árabes y bereberes, Ceuta quedó despoblada. Fue reconstruida por Maykasa, un jefe de tribu de la etnia de los Gomaras, que dio su propio nombre a la ciudad durante aquella época.
Al Idrisi y la ciudad sagrada: El célebre geógrafo árabe Al Idrisi, nacido en Ceuta en el siglo XII, describió su ciudad natal como un lugar de gran belleza y misterio. En la tradición islámica, Ceuta fue considerada una ciudad sagrada y se menciona la existencia de "La fuente del agua de la Vida", un lugar mítico citado en los textos del Corán.
Una perla entre el pecho y la garganta del mundo: Los poetas árabes se recrearon con Ceuta llamándola "Concha en su perla de nácar, colocada entre el pecho y la garganta del mundo". El rey marroquí Muley Ismail, que la sitió durante 33 años, aseveró sobre ella: "Ceuta es la perla entre el pecho y la garganta del mundo". Ibn Jatib, en el siglo XIV, la describió como "una novia con todos sus atavíos y su esplendor, sentada en su trono de gala".
Más allá de los mitos, la historia documentada de Ceuta comienza con los fenicios, que fundaron un asentamiento en el promontorio donde hoy se alza la Catedral hacia el siglo VII a.C. Los primeros vestigios de presencia humana organizada en la ciudad se remontan a más de 3.000 años. Con el tiempo, la ciudad pasó a manos de cartagineses y, finalmente, de los romanos, que la bautizaron con el nombre de Septem Fratres (los Siete Hermanos), en referencia a las siete colinas sobre las que se asienta.
Durante más de quinientos años, Ceuta fue una base costera del Imperio romano, con factorías de salazones y salsas de pescado que abastecían todo el Mediterráneo. Su posición estratégica en el Estrecho de Gibraltar la convirtió en un punto de control fundamental para las rutas marítimas entre el Mediterráneo y el Atlántico. Tras la caída del Imperio, la ciudad pasó por manos de vándalos, bizantinos y visigodos, en una sucesión de dominios que reflejaba su valor como llave del Estrecho.
El año 709 marcó un punto de inflexión. El conde Don Julián, gobernador visigodo de la ciudad, se rindió a las tropas árabes de Tariq ibn Ziyad, facilitando la invasión musulmana de la Península Ibérica que culminaría en el 711. Durante los siguientes siete siglos, Ceuta formó parte del mundo islámico, conocido como Medina Sebta.
Entre el 709 y el 931, la ciudad fue un punto de paso para las oleadas de conquistadores que cruzaban el Estrecho. En el 931, las tropas omeyas de Abderramán III entraron en Ceuta, integrándola en el Califato de Córdoba. El año 1083 trajo un nuevo poder: los almorávides tomaron la ciudad con ayuda de Alfonso VI de Castilla. Más tarde, ceutíes y malagueños se unirían para derrotar a los almohades, aunque la ciudad sería incendiada y posteriormente reconstruida.
La Ceuta medieval era una ciudad amurallada, fortaleza y mercado, un punto de encuentro entre África y Europa. Su puerto era la base de embarque para las rutas comerciales y militares que conectaban el norte de África con al-Ándalus.
El 21 de agosto de 1415, una flota portuguesa de 220 naves y 19.000 soldados, al mando del infante Enrique el Navegante, atacó la ciudad. La conquista de Ceuta, entonces bajo dominio de la dinastía Mariní de origen bereber, fue la primera expansión territorial de Portugal fuera de Europa y un antecedente directo de la era de los descubrimientos. La ciudad, que había sido descrita por los poetas árabes como "la Altiva reina del Estrecho", pasaba a manos europeas.
En 1580, la unión dinástica de las coronas de Portugal y España bajo Felipe II convirtió a Ceuta en territorio hispano. La vinculación definitiva a España se consolidó en 1640, cuando Portugal se separó de la monarquía hispánica. Mientras Portugal recuperaba su independencia, Ceuta decidió permanecer fiel a la corona española. El Tratado de Lisboa de 1668 reconoció formalmente la soberanía española sobre Ceuta. Hoy, el escudo de la ciudad, idéntico al antiguo escudo de Portugal, recuerda esa herencia.
En 1912, se instauró el protectorado español en Marruecos, pero Ceuta quedó fuera de su administración. Cuando Marruecos obtuvo su independencia en 1956, Ceuta y Melilla quedaron al margen del antiguo Protectorado y conservaron su condición de ciudades españolas.
En 1981, los Acuerdos Autonómicos iniciaron el camino hacia un régimen especial para Ceuta y Melilla. En 1995, el Senado aprobó sus Estatutos de Autonomía, convirtiéndolas en ciudades autónomas, un estatus híbrido entre municipio y comunidad autónoma. Desde entonces, Ceuta es parte plena de España y de la Unión Europea, con su propio gobierno y parlamento.
El 30 y 31 de julio de 2026, entre 70.000 y 80.000 personas cruzaron la frontera de forma irregular en solo 48 horas. La cifra es récord y ha sido calificada como el mayor desafío humanitario y de seguridad al que se ha enfrentado Ceuta en su historia reciente. Un mes después, unos 5.000 migrantes permanecen en la ciudad, según el Ministerio del Interior. La Fiscalía ha contabilizado 23 agresiones sexuales durante la crisis, nueve de ellas a menores de entre 14 y 17 años.
El Gobierno español evita señalar públicamente a Rabat, pero altos cargos reconocen en privado que Marruecos desempeñó un papel relevante en la crisis. La lógica es clara: España puede controlar su lado de la frontera, pero la contención empieza varios metros antes, en territorio marroquí. Una fuente gubernamental ha admitido que, si España dejara de mantener una buena relación con Rabat, podrían entrar en Ceuta "70.000 migrantes a la semana".
Esta no es la primera vez que Marruecos utiliza la presión migratoria como herramienta diplomática. En 2014, una patrullera española detuvo una lancha sospechosa en la que viajaba el rey Mohamed VI; diez horas después, Marruecos envió miles de migrantes a la península. En mayo de 2021, más de 10.000 personas cruzaron en menos de 48 horas.
En respuesta a la crisis, el Gobierno español aprobará un plan de emergencia de 165 millones de euros para Ceuta. El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, ha dejado claro ante el Congreso que "Ceuta y Melilla son España y son Unión Europea, son parte de nuestra integridad territorial y de nuestra soberanía".
El ministro de Justicia marroquí, por su parte, ha reafirmado que Ceuta constituye un "derecho histórico y geográfico" de Marruecos y ha llamado a crear un mecanismo de diálogo para lograr su "retorno al seno de la patria". Mientras tanto, la inteligencia española considera "probables" más tácticas encubiertas contra Ceuta y Melilla en el futuro.
Ceuta es una ciudad donde el mito y la historia se funden en un mismo paisaje. El titán Atlas, las Columnas de Hércules, la profecía de Ceit y los versos de los poetas árabes son parte de su identidad tanto como sus murallas, su puerto y su frontera. Quien camina hoy por sus calles pisa el mismo suelo que pisaron fenicios, romanos, árabes y portugueses, y respira el mismo aire que inspiró a Homero y a Al Idrisi.
"Ceuta es como una novia con todos sus atavíos y su esplendor, sentada en su trono de gala, expuesta como una obra maestra en toda su perfección, o como una preciosa joya en su estuche, la cual contempla su imagen en un rutilante espejo de mar", escribió Ibn Jatib en el siglo XIV. Siete siglos después, la ciudad sigue siendo esa joya, y el espejo del mar sigue reflejando su historia, sus leyendas y su futuro incierto. |