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Es la única romería acuática de la Comunidad y se celebra desde hace más de 150 años
No es de esas noticias que se despachan en dos líneas. El Tajo, a su paso por Fuentidueña, no corre rápido. Las orillas son de tierra pelada y chopos sueltos. Cuando cae la tarde, lo primero que se ve es una hilera de antorchas río abajo: son más de trescientos nadadores con teas encendidas, flotando en fila. La luz se rompe en el agua en pedazos anaranjados. No son profesionales del espectáculo: son del pueblo y de los de al lado, gente que lleva años metiéndose en el río la segunda semana de septiembre.
Detrás llega la barcaza de la Virgen. No es un barco al uso. Es una plataforma de madera sobre bidones metálicos, veinte o veinticinco, que le dan flotación. Alrededor, más de dos mil luces dibujan la silueta de un castillo. La Virgen va en el centro, iluminada de frente, y desde la orilla se le ve la tela del manto moverse con el aire.
La barcaza recorre unos ochocientos metros río abajo. Los nadadores la escoltan: algunos tan cerca que rozan el casco con la mano, otros más atrás, donde las antorchas se vuelven una mancha naranja difusa. En las orillas la gente grita "¡viva!" y desde el agua contestan. Todo dura menos de una hora. La barcaza toca tierra, la Virgen baja, y las antorchas se clavan una a una en la arena de la ribera hasta apagarse.
En 1866, el general Prim se levantó contra el gobierno, le salió mal y salió huyendo hacia el este. Al pasar por Fuentidueña ordenó cortar el puente para frenar a las tropas de O'Donnell que lo perseguían. El pueblo quedó partido en dos por el río. Llegó septiembre y tocaba, como todos los años, llevar la Virgen desde la iglesia del pueblo hasta el monasterio de la Alarilla, en la otra orilla. No había puente.
Los vecinos echaron mano de una barcaza de maroma, de las que se usaban para cruzar carga, y metieron a la Virgen en ella. La pasaron tirando de cuerda. Salió bien. En 1876 el puente se reconstruyó, y en teoría ya se podía volver a cruzar andando. Nadie lo propuso. La barcaza siguió navegando. Desde entonces solo ha habido una interrupción: 2020, la pandemia.
La Comunidad de Madrid declaró la romería Bien de Interés Cultural en la categoría de Hecho Cultural. Desde 2001 es también Fiesta de Interés Turístico Regional. Fuentidueña de Tajo tiene menos de dos mil quinientos habitantes censados, pero cada septiembre la ribera se llena con miles de personas llegadas de toda la comarca y de Madrid. La barcaza actual se construyó en 1990. Se financió con lo que se sacó de un festejo taurino y con aportaciones de los vecinos. El resto del año duerme en un almacén municipal. Una semana antes de la procesión se saca, se revisan los bidones, se colocan las luces, se prueba la flotación. Este año hay más de trescientos nadadores inscritos, más que en ediciones anteriores. |