Alcalá se sumó a una huelga que este martes llegará a Torrejón
El amarillo tiñó este viernes por la tarde la Plaza de los Cuatro Caños de Alcalá de Henares. Camisetas, pancartas, globos y silbatos de ese color protagonizaron la "Marea Amarilla", una movilización convocada por educadoras infantiles y familias que reunió a cerca de 500 personas, según estimaciones de este medio, para reclamar dignidad para el ciclo 0-3 años.
Desde antes de las 18:00 horas, grupos vestidos de amarillo comenzaron a llegar a la plaza. Educadoras de distintas escuelas infantiles de Alcalá y del Corredor del Henares, junto a familias con niños pequeños, abuelos y bebés en carritos, participaron en una protesta que mezclaba indignación y ternura. La imagen de decenas de carritos rodeando la concentración se convirtió en una metáfora visual de lo que estaba en juego: la calidad de la atención a los más pequeños.
Las pancartas resumían el malestar del sector con frases directas: "No guardamos, educamos", "De la vocación no se come", "Mi vocación no paga facturas", "Más recursos, menos excusas", "No son números, son niños" o "0-3 años es educación, no asistencialismo". Algunas pancartas denunciaban las ratios elevadas y la precariedad salarial.
La protesta avanzó entre consignas repetidas con fuerza: "¡0-3 es educación, no es masificación!" y "¡No guardamos, educamos!", que se convirtió en el lema central de la tarde. Cada consigna era respondida con aplausos y silbidos que retumbaban entre los edificios del casco histórico.
En la lectura del manifiesto, las portavoces insistieron en la invisibilidad estructural que sufren desde hace años. "Es donde se construyen los cimientos emocionales, sociales y cognitivos de cada persona. Es donde todo empieza. Y sin embargo es la etapa más invisibilizada, la más olvidada y la menos valorada", denunciaron.
Las portavoces defendieron el valor pedagógico y emocional de su trabajo: "No solo trabajamos en las aulas: sostenemos vínculos, acompañamos emociones, cuidamos, educamos y construimos futuro". El manifiesto también denunció el componente de género del sector, al tratarse de un ámbito profundamente feminizado, y cómo esa realidad ha contribuido a su infravaloración profesional y salarial.
Uno de los elementos más llamativos fue la implicación de las familias. Muchas madres y padres acudieron porque consideran que las reivindicaciones afectan directamente al bienestar de sus hijos. Un padre sostenía un cartel que resumía el espíritu de la movilización: "Mi hija educa corazones, por eso necesita mejores condiciones". Otra pancarta reclamaba: "Para educar corazones se necesitan buenas condiciones".
Entre los asistentes también se podían ver concejales del PSOE y de Más Madrid vestidos de amarillo, mostrando su apoyo a las reivindicaciones del sector. La concentración sirvió para romper la idea estereotipada de que las escuelas infantiles son solo espacios de conciliación. Las educadoras insistieron en que el primer ciclo de Infantil tiene un valor educativo esencial y reclamaron que deje de ser tratado como un simple recurso asistencial.
Otro de los grandes ejes de la protesta fue la denuncia de las condiciones laborales. "De la vocación no se come" y "Mi vocación no paga facturas" reflejaban un malestar creciente: la idea de que durante demasiado tiempo se ha utilizado la vocación como excusa para normalizar condiciones deficientes.
Las educadoras reclaman una reducción de ratios, mejores salarios, mayor inversión pública y un reconocimiento real de la importancia educativa del ciclo 0-3. Según explicaron durante la protesta, atender grupos excesivamente numerosos dificulta ofrecer la atención emocional y pedagógica que necesitan niños tan pequeños.
La protesta forma parte de un movimiento más amplio que en los últimos meses ha crecido en distintos puntos de España. Las profesionales del sector buscan situar en el centro del debate público las condiciones del primer ciclo de Educación Infantil.
La "Marea Amarilla" alcalaína logró convertir una reivindicación sectorial en una movilización con fuerte implicación ciudadana y familiar. La presencia masiva de padres, madres y niños pequeños dio a la concentración un tono muy distinto al de otras protestas laborales.
A medida que avanzaba la tarde, la Plaza de los Cuatro Caños se fue llenando más de camisetas amarillas. Cuando la concentración comenzó a disolverse, la sensación general entre las asistentes era que la protesta había conseguido visibilizar un problema que durante demasiado tiempo había permanecido en segundo plano. Durante unas horas, el ciclo 0-3 dejó de ser invisible en Alcalá de Henares. |