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31
Jul
2020
Te Odio PDF Imprimir E-mail
Punto D Vista - Otra mirada
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Foto cedida por SATSEJesús Hernández Gallardo

No gusta, está claro. Las canciones de ahora, las que aprovechan cualquier evento con repercusión y eco suficiente no lo asumen como propio, la letra sería lúgubre y luctuosa, cansina y desvergonzada, atrevida y chirriante. Coronavirus o Covid-19 no pega ni con cola, no se encuentran rimas pegadizas, palabras que se puedan encadenar y formar estrofas con corcheas o semicorcheas tintineantes. No hay pentagrama que soporte el peso y el lastre que conlleva la melodía. Los músicos pasan de ello, no encuentran agarre con esos argumentos que puedan empatizar con la gente, son palabras sin alma, sin poesía que remueva interiormente, son materia de vertedero y papelera sin retorno.

Dicen que a veces respirando, buscando inspiración de poeta, aparecen esos brillos chispeantes que iluminan la mente del creador, de quien le encuentra la hebra a una gota de agua o al zumbido sordo de una abeja, pero este virus tuerce los sentidos del gestor de música, de quien se atreve a hacer sinfonías solo de una palabra, de un sentimiento sin expresarlo, tan solo de una mirada que diga sin mirar.

Nosotros, quienes recibimos el mensaje amable a nuestros oídos, el son que nos inquieta interiormente y nos hace temblar nuestros sentidos, nos quedamos inertes, sin ánimos de querer entender el grito, el chirrido procedente del bicho que ha estrangulado la vida de nuestros semejantes. ¡Te odio!

Por el contrario me gusta la lucha que se ha tenido en su contra, la energía que han prestado nuestros sanitarios, incluso la agonía en plena batalla, el quejido hiriente, pero sincero y agrietado de la voz en ese callejón abocado al fracaso. Han sido gritos sinceros que han buscado con ansia esa curación que todos merecían, los sonidos sin letra, ojos cargados de lágrimas que vertían el rastro de la lucha, la huella del sentimiento. Ellos sí han elaborado su canción, su persistencia, las caricias que han iluminado las caras de nuestros mayores, las palabras susurradas que han dado ese halo de energía a personas al filo de una desproporcionada lucha por sus vidas.

Han brillado todos ellos en los hospitales, los unos buscando en su cuerpo en qué apoyarse para sacar de sus entrañas el viscoso mal que les ha poseído en vida y los otros, midiendo su sabiduría y entrega, involucrándose hasta el tuétano y haciendo todo, lo máximo para espantar el mal del enfermo, de ese semejante que ha encontrado todo el calor humano en ellos, esos seres que han dado sin límites, muchos de ellos también sus vidas.

Esta es mi canción, así narrada, relatada a mi forma, como yo puedo y sin ninguna rima, tan solo sacando de mi interior esas huellas traducidas por mis dedos en palabras, que expresen lo que sentimos tantas personas que no lo hemos hecho este tiempo atrás, pero no por olvido sino por ese muro de respeto y dolor que nos ha paralizado en gran medida nuestra propia voz. Son canciones anónimas, contadas por alguien que se suma a tantas voces, a quienes, de alguna otra forma, también lo han ido expresando, sin partitura impresa, pero con alma, la que aún nos queda.

Jesús Hernández Gallardo

Funcionario del Estado

Torrejón de Ardoz

 

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