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14
May
2020
Trago Amargo PDF Imprimir E-mail
Punto D Vista - Otra mirada
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Foto cedida por CAMJesús Hernández Gallardo

Llamar al 2020 catastrófico se queda muy corto, escaso de epítetos que lo puedan definir de manera definitiva. Desde febrero se han ido sufriendo las consecuencias del COVIR-19, todas las desgracias personales de gente que ha sucumbido ante su empuje, su desolador reguero de muertes y padecimientos muy graves. Ha sido a un nivel generalizado en todo el mundo, se ha hecho sentir de manera impactante en toda Europa, luego pasó a América y antes dejó una sombra de muertes en China.

Adaptando palabras, simbologías y devastadores recuerdos, podríamos decir que se trata de la peste del 2020. Los humanos lo hemos visto con los ojos del siglo XXI, viendo su avance por todo el mundo, parapetando fechas, aplazando eventos, suspendiendo otros y al final, un reguero teñido de luto y llanto.

Sintiendo todavía las sacudidas del contagio, nos siguen apareciendo cifras de defunciones en España de mucha trascendencia, inasumibles y desviadas de cualquier índice de normalidad. Hemos sido derrotados en esta guerra contra el virus, nos ha pillado de improviso, sin capacidad para reaccionar y con una saña irracional.

Los primeros escudos en plantarle cara han sido los sanitarios y se han ido desvaneciendo en reata, a estas alturas de la crisis va la cifra cercana a los 50.000. Unos se han ido para siempre y otros muchos han sido víctimas de las mayores dosis de agresivo contagio, han ido cayendo como moscas, sin protecciones que les sacaran del huracán viral.

En los albores de la pandemia animábamos en los balcones a los sanitarios, comprendiendo que estaban dando el mayor ejemplo de humanidad, sabiduría y resistencia; han sido muchos vítores los que hemos ido expresando, hemos ido siguiendo y aplaudiendo, alzando la voz para cubrir, si es posible, la desesperanza y desánimo. A día de hoy la famosa curva de la epidemia en España parece que va declinando la tinta envenenada, se aplana y doblega ante la titánica lucha, dejando marcas de sangre en las crestas más empinadas, salpicadas de lágrimas en sus sombrías cúspides de horror y sollozos.

Cualquier pragmático que despertara con una mente amueblada de estadísticas, sentido matemático y lógicas conclusiones no comprendería como en pleno siglo XXI el mundo se deja arrinconar por una pandemia cuando alardeamos de los mejores y modernos laboratorios, revestidos de tecnología de vanguardia. Es posible que los recursos invertidos en investigaciones queden en evidencia y se necesite mucha más preparación y lucha. Se nos han visto las vergüenzas y la falta de inversión en todo el mundo.

El mundo ha quedado resquebrajado, sumido en la tristeza y la depresión ante el ímpetu del virus. La gente regresa a las calles con miedo, extremando las medidas de seguridad que le permitan navegar socialmente con ciertas garantías alejadas del contagio del virus. Se pueden ver escenas que rayan la histeria y desesperación; por otra parte, de manera incomprensible, tenemos el otro lado de la balanza, los que no han aprendido nada, los que su falta de preparación les aloja en el desenfreno continuo y desvergonzado, poniendo en riesgo evidente a todos los demás.

Ahora tan solo nos quedará el análisis de todos aquellos que han tenido la responsabilidad de guiarnos, los políticos que tienen esas altas obligaciones. Será la ciudadanía quienes tengamos la oportunidad de juzgarlos y evaluar fechas, plazos, gestiones y otros muchos detalles que han quedado depositados en la retina de cada uno de nosotros. Será un trago amargo para los gobernantes.

Jesús Hernández Gallardo

Funcionario del Estado

Torrejón de Ardoz

 

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