Calles a oscuras y en silencio recibieron al Santo Entierro
El Viernes Santo en Alcalá de Henares fue una jornada de intensa devoción, con tres procesiones que recorrieron las calles del centro histórico desde la tarde hasta la madrugada. Miles de alcalaínos y visitantes se echaron a la calle para acompañar a sus imágenes, en un día que estuvo marcado por la solemnidad, el silencio y la emoción.
Más de 20 grados de temperatura, sol radiante justo antes de la salida y un cielo azul y absolutamente despejado, sin olvidar las muchas ganas de ver salir a la procesión de La Soledad después de que el año pasado se tuviese que interrumpir por la lluvia, fueron los ingredientes suficientes para que la calle Libreros volviese a ser un hervidero de público deseoso de ver salir los pasos.
A las 19:30 horas, la Antigua, Ilustre y Fervorosa Hermandad y Cofradía de María Santísima de la Soledad Coronada, El Sagrado Descendimiento de Nuestro Señor Jesucristo y San Juan Evangelista inició su procesión desde la Parroquia Santa María la Mayor. El recorrido, que discurrió por la calle Libreros, Beatas, Plaza de San Diego, calle Bustamante de la Cámara —donde la Virgen recibió una petalada—, Plaza de Cervantes, Cerrajeros, Ramón y Cajal, Mayor, Imagen, Santiago, Tinte y regreso a Libreros, fue seguido por un público entregado que abarrotó cada tramo.
La procesión contó con dos pasos muy distintos entre sí. El primero, el Sagrado Descendimiento, con aires castellanos, tan sobrio como honesto y espectacular, hizo romper al público en aplausos con las primeras levantás. El segundo, la Soledad Coronada, completamente distinto y rebosante de sevillanía, es una talla del imaginero hispalense Antonio Castillo Lastrucci, realizada en 1961. El acompañamiento musical corrió a cargo de la Capilla Musical Sagrado Descendimiento y la Banda de Palio de Juventudes Musicales de Alcalá.
Entre las autoridades presentes se encontraban el obispo de Alcalá, Monseñor Antonio Prieto Lucena; el tercer teniente de alcaldesa, Gustavo Severién; la cuarta teniente de alcaldesa, Cristina Alcañiz; la concejal de Educación, Universidad y Deportes, Lola López; la titular de Familia y Juventud, Pilar Cruz; y el portavoz socialista, Javier Rodríguez Palacios, entre otros.
Media hora antes, a las 19:00 horas, la Real e Ilustre Esclavitud de Nuestro Padre Jesús de Medinaceli y María Santísima de la Trinidad de Alcalá de Henares había iniciado su procesión desde el Colegio de Málaga. La Hermandad, la más numerosa de Alcalá con cerca de 1.600 esclavos, logró este año algo que no ocurría desde 2023: completar las dos procesiones de su Semana de Pasión (Jueves y Viernes Santo) sin que la lluvia las interrumpiera.
El paso del Nazareno, acompañado de la Sacra conversación que La Trinidad mantiene con San Juan Evangelista junto a la imagen de María Magdalena, salió a la hora señalada. La Marcha Real, himno nacional de España, interpretada por la Agrupación Musical Jesús de Medinaceli de Alcalá de Henares, puso la banda sonora a una salida que contó con la presencia de autoridades civiles, militares, policiales y eclesiásticas.
El recorrido, que discurrió por la calle Colegios, Trinidad, Cárcel Vieja, Santa María la Rica, Plaza Santa María la Rica, Empecinado, Escritorios, Santa Úrsula y regreso a Colegios, fue seguido por una multitud que se agolpaba en cada esquina para ver pasar a los penitentes morados, vestidos con el inconfundible hábito que caracteriza a esta cofradía.
Entre las autoridades presentes se encontraban el segundo teniente de alcaldesa, Víctor Acosta; la concejal de Seguridad, Orlena De Miguel; el edil de Fiestas Populares, Antonino Saldaña; el titular de Cultura, Santiago Alonso; y los concejales socialistas Enrique Nogués y Miguel Castillejo, así como el obispo Monseñor Antonio Prieto Lucena.
La jornada culminó a las 23:00 horas con la procesión de la Cofradía del Santo Entierro de Cristo y Nuestra Señora de los Dolores, que partió desde la Catedral Magistral. La procesión, una de las más solemnes de la Semana Santa alcalaína, incluyó tres pasos: los Atributos de la Pasión, la Virgen Nuestra Señora de los Dolores (llevada en ruedas) y el Cristo Yacente (portado en andas). El cortejo, compuesto por 476 hermanos ataviados con los característicos colores negro y morado, avanzó en completo silencio, acompañado únicamente por los tambores de la Agrupación Musical Sones de Tajuña.
Uno de los momentos más solemnes tuvo lugar en la lonja de la Catedral, donde los cofrades realizaron el juramento de silencio antes de iniciar la procesión. "Hermanos del Santo Entierro. En nombre de Dios, ¿juráis acompañar a nuestro santísimo Cristo Yacente en absoluto silencio? – ¡Que así sea!" A partir de ese instante, el único sonido que pudo escucharse fue el del tambor y la campana que marcaba el ritmo del cortejo.
Durante el recorrido, el alumbrado público se fue apagando paulatinamente, intensificando la sensación de recogimiento y devoción. La procesión avanzó por la Plaza de los Santos Niños, calle Mayor, calle Cervantes, calle Santiago, Plaza de Palacio, calle San Juan, para regresar a la Plaza de los Santos Niños y a la Catedral Magistral. La entrada de la procesión se realizó de espaldas al toque de la campana, concluyendo con una oración en el interior del templo, un gesto que resume la esencia de esta cofradía, fundada a principios del siglo XVI.
El Cristo Yacente, una talla anónima que se cree pertenece a la escuela de Gregorio Fernández, fue el centro de todas las miradas. A su paso, las calles se quedaban a oscuras, y el silencio solo se rompía por los redobles de tambor y el tañido de la campana. Una experiencia única que cada año congrega a cientos de fieles dispuestos a quedarse hasta la madrugada para presenciar una de las procesiones más singulares de la Semana Santa complutense.
Entre las autoridades presentes se encontraban la concejal de Mayores, Esther de Andrés; el concejal de Innovación Tecnológica, Víctor Cobo; la titular de Familia y Juventud, Pilar Cruz; el portavoz socialista, Javier Rodríguez Palacios; y los concejales Alberto Blázquez, María Aranguren y Rosa Gorgues, además del obispo Monseñor Antonio Prieto Lucena.
Con estas tres procesiones, Alcalá de Henares vivió un Viernes Santo de intensa devoción, en el que la Soledad Coronada, la Trinitaria de Medinaceli y el Santo Entierro se sucedieron sin descanso. La ciudad se volcó con sus imágenes, demostrando que la Semana Santa complutense, declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional, está más viva que nunca. Y mientras los fieles se retiraban a sus casas, la Catedral Magistral permanecía abierta, esperando la Vigilia Pascual del Sábado Santo, cuando el silencio se rompa con el anuncio de la Resurrección. |