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10
Jul
2020
La radioterapia cuesta a cada paciente con cáncer más de mil euros PDF Imprimir E-mail
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Foto cedida por AECCSegún la AECC, el 60% de los pacientes debería recibir este tratamiento

La Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) y la Sociedad Española de Oncología Radioterápica (SEOR) han hecho público un informe mostrando la realidad del acceso a la radioterapia en España. Con este informe, que lleva por título “Acceso al tratamiento de Radioterapia en España”, se ha querido mostrar las desigualdades en el acceso a tratamiento radioterápico en España señalando los costes, tanto económicos como sociales y psicológicos, que deben asumir los pacientes; la heterogeneidad de ayudas públicas para reducir el impacto económico que provoca el acceso a este tratamiento; y un análisis de las infraestructuras existentes en España.

La radioterapia es un tratamiento vital en cáncer que reciben alrededor del 60% de los pacientes y que contribuye en el 40% de las curaciones. Además, entre un 20% y un 25% de las personas que tienen esta enfermedad van a necesitar más de un tratamiento radioterápico a lo largo de su enfermedad. Siendo un tratamiento vital, no todos los pacientes tienen las mismas facilidades para acceder a la radioterapia.

Hay muchos factores que intervienen en las desigualdades detectadas en este informe: el número de unidades que hay en España, la distancia entre los centros hospitalarios y los domicilios de los pacientes, los tiempos de espera, los costes asociados a recibir este tratamiento, las ayudas públicas, etc. Hay que tener en cuenta que no en todas las provincias hay unidades de radioterapia o que, incluso en aquellas que disponen de una de ellas, pueden encontrarse a cientos de kilómetros del domicilio del paciente.

Ramón Reyes, presidente de la AECC, señala un punto crítico para la organización como es la igualdad de oportunidades en España para tratar el cáncer. Durante la intervención, el presidente de la AECC señaló que “el cáncer no hace distinciones entre los pacientes y no podemos tolerar que las haya en las posibilidades de recibir tratamiento. Radioterapia es un ejemplo claro de cómo influye el lugar de residencia en una mayor o menor facilidad en el acceso a este tratamiento vital, algo que se puede solucionar con voluntad política. No hay que olvidar que, con la crisis del coronavirus, habrá más personas con dificultades económicas que tengan que hacer frente a los gastos de recibir este tratamiento”.

Por su parte, el Dr. Jorge Contreras ha incidido precisamente en “la importancia de la radioterapia en la curación de los pacientes con cáncer, además de apuntar a este tratamiento como una “opción efectiva” para la paliación de síntomas como el dolor y el sangrado en casos donde no se puede aspirar a la curación”. Contreras, que ha subrayado el alto nivel de la radioterapia en España tanto a nivel científico como de recursos técnicos, ha abordado “la importancia de los denominados hipofraccionamientos de la radioterapia, que permiten, por ejemplo, que en el caso del cáncer de mama se pase de administrar 30 sesiones de radioterapia (6  semanas) a solo 5 (1 semana)”.

Para paliar esta situación de desigualdad, las principales demandas de ambas entidades son:

o Adecuar la organización de la asistencia a pacientes en tratamiento de radioterapia para disminuir el impacto negativo que largas distancias desde el domicilio producen en la calidad de vida de las personas afectadas. Esta organización contemplaría desde la viabilidad de las unidades satélites hasta la coordinación entre Autonomías para que el paciente pueda recibir el tratamiento en el hospital más cercano a su domicilio.

o Que todas las ayudas públicas que ya existen sean las mismas en todas las partes de España, equiparando las más bajas a las más altas

o Incluir en la prestación farmacéutica del SNS aquellos fármacos o productos sanitarios que están indicados para paliar secuelas del cáncer y/o los tratamientos oncológicos: fármacos para la diarrea, para el estreñimiento, antiflatulentos, colutorios, cremas que contienen corticoides o antibióticos, entre otros.

o Tener en cuenta la situación económica y social del paciente, y no sólo situación clínica o dificultad de movilidad, a la hora de conceder el Transporte Sanitario No Urgente para recibir tratamiento.

Además, la AECC pone a disposición de las personas con cáncer que lo necesiten sus 37 pisos y residencias, así como ayudas económicas para soportar los costes añadidos para recibir tratamiento.

Este estudio se ha realizado mediante una encuesta a pacientes mayores de 18 años que estaban recibiendo un tratamiento de radioterapia en el momento de su elaboración. Se han realizado un total de 1.736 entrevistas personales a través de un cuestionario semi-estructurado, en un total de 55 hospitales, entre los meses de enero y junio de 2019.

Del total de pacientes, el 41% es población activa, de los cuales casi un 30% estaban trabajando y el 13% restante en situación de desempleo. Desde el punto de vista de las variables de enfermedad, el 59% se encontraba en fases iniciales de la enfermedad, un 17% en fases avanzadas, el 10% con recidiva y 3% en cuidados paliativos. Los tipos de tumores con más presencia en el estudio son mama, próstata, colon y cerebro. En cuanto al número de sesiones de radioterapia recibidas en el momento de la entrevista era de aproximadamente 15 por término medio.

Los costes asociados al tratamiento son: alojamiento, desplazamiento, comidas, fármacos para paliar los efectos secundarios, aquellos derivados de la pérdida de ingresos y los resultantes de contratar a una persona para cuidados formales o especialistas. Las Comunidades Autónomas que tienen una situación más crítica en cuanto a acceso a radioterapia son: Castilla y León y Aragón, porque tienen provincias que no disponen de servicios de radioterapia, y en términos de distancias y tiempos Baleares, Canarias y Andalucía donde tres provincias (Granada Jaén y Huelva) tienen municipios a más de 100km de distancia.

El primer coste asociado al tratamiento, y uno de los que potencialmente pueden llegar a plantear más dificultades para los pacientes, es el derivado de la necesidad de buscar un alojamiento durante el tiempo que dure el tratamiento. Un 6% del total de pacientes entrevistados se ven en la necesidad de cambiar de domicilio para poder asistir a las sesiones de radioterapia prescritas. Este porcentaje se eleva hasta un 18% en Baleares o un 17% en Canarias. Así, el coste medio de este cambio temporal de domicilio es de 1.092,2€ de media.

El coste por desplazamiento a la unidad de radioterapia es uno de los más frecuentes que las personas enfermas debe afrontar para recibir el tratamiento, siendo lo más habitual el uso de un vehículo privado (propio o de un familiar). Asociado a este coste está el tiempo invertido o los gastos derivados del estacionamiento. En una media de 15 sesiones, recorriendo más de 100km, una persona con cáncer gastará 231,8€ invirtiendo una media de 3 horas por sesión.

El uso del transporte no urgente, ambulancia, es más alto en aquellos pacientes que residen a mayor distancia de la unidad de radioterapia y quienes menos disponen de un transporte alternativo. Los principales problemas asociados son principalmente la dificultad de viajar con acompañante y los tiempos de espera. La inmensa mayoría de quienes usan la ambulancia como medio de transporte comparten el trayecto junto a otros pacientes, lo que implica un tiempo de espera considerable. Casi un 30% de las personas con cáncer deben hacer un trayecto diario de entre una y dos horas para poder acudir a su tratamiento; mientras que para otro 30% estos trayectos superan las dos horas, llegando incluso a alcanzar las cuatro horas de viaje solo para el desplazamiento.

El resto de los costes asociados al tratamiento de radioterapia inciden en mayor o menor medida en la persona enferma. Así, el 100% de los pacientes hace gasto en medicamentos y productos farmacéuticos para paliar los efectos secundarios; el 27% asume costes de comidas y tentempiés; un 6% necesita de los servicios de otros profesionales médicos; el 10% necesita contratar a personas para que les ayude en su viuda diaria; y el 31% tiene una pérdida de ingresos por dejar de desemplear su trabajo.

Para ilustrar esta situación de desigualdad, se puede poner el ejemplo de una paciente que está recibiendo tratamiento de radioterapia por un cáncer de mama y que reside en un municipio de Albacete. Esta paciente utiliza un vehículo privado y tiene que recorrer 190 kilómetros (ida y vuelta) cada vez que acude a una sesión. Una vez haya finalizadas las quince sesiones de tratamiento prescritas habrá recorrido 2.850 kilómetros, con un gasto de aproximadamente 228€ en combustible. Cada vez que ha ido al centro hospitalario ha necesitado usar el servicio de aparcamiento lo que le ha ocasionado un coste adicional al final de las sesiones de 53€.

Además, acude siempre acompañada por un familiar y, como tardan más de dos horas por trayecto en acudir al centro hospitalario, han invertido 60 horas sólo en desplazamientos, considerando el tiempo de la paciente y de su acompañante. El tiempo que invierten en los desplazamientos, añadido al de la sesión de radioterapia, suele implicar que en la mayoría de las ocasiones necesitarán hacer un consumo de comida y/o tentempié, lo que genera un gasto añadido de 360€ al final de las quince sesiones.

En el apartado de tratamientos para paliar los efectos secundarios, esta paciente habrá gastado un total de 80€ de media en productos farmacéuticos además de tener que contratar a una persona cuidadora de un familiar dependiente, al que habitualmente cuidan la paciente o su acompañante; lo que les va a suponer un coste total de 500€ adicionales. Sin olvidar que el tratamiento también conlleva una pérdida de ingresos por dejar de desempeñar sus trabajos (el de ella y el de su acompañante) que se estiman en 1.260€ entre los dos al final del tratamiento.

Sólo económicamente, esta paciente tendrá que soportar un coste de 2.481€ directamente relacionados con la recepción de su tratamiento, sin contar con el impacto negativo en su calidad de vida derivado del abandono de actividades de ocio y deportivas que antes realizaba con normalidad, así como afrontar ciertas limitaciones sobrevenidas en su vida cotidiana, por lo que subjetivamente el coste percibido por la persona aumentaría.

 

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