Fue diseñado por Franco a imagen del de Torrejón
El Ministerio de Cultura ha iniciado los trámites para declarar el Hangar 1 de la Antigua Zona Industrial (AZI) del Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas como Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de Monumento, tras la publicación en el Boletín Oficial del Estado. El hangar, obra clave de la ingeniería del siglo XX y ejemplo excepcional del patrimonio industrial español, fue diseñado por el ingeniero Eduardo Torroja entre 1942 y 1949.
Torroja diseñó tres hangares de grandes cubiertas metálicas en Madrid, todos adjudicados por concurso por el Ministerio del Aire, basándose en un modelo previo desarrollado en el Aeropuerto de Torrejón. La solución estructural ideada por Torroja se centra en una gran jácena longitudinal configurada como viga triangulada en K, sobre la que se apoyan cerchas transversales. El proceso constructivo fue innovador: la estructura metálica se ensambló en el suelo y se elevó con un sistema de gatos.
El hangar sufrió ampliaciones en los años 60 que ocultaron su cubierta original, pero una rehabilitación a principios del siglo XXI recuperó sus valores esenciales. Actualmente se encuentra en buen estado de conservación. La declaración como BIC aplica la máxima protección prevista en la Ley de Patrimonio Histórico Español.
El Consejo de Ministros ha declarado Bien de Interés Cultural, en la categoría de Monumento, los Talleres Aeronáuticos de Barajas-TABSA, una infraestructura clave en la modernización de la aviación comercial española durante la década de 1950. La decisión, impulsada por el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, otorga el máximo nivel de protección a este conjunto industrial, considerado un ejemplo sobresaliente de la arquitectura racionalista de mediados del siglo XX.
Los talleres fueron fundados en 1953 para el mantenimiento de los aviones de Iberia y AVIACO, con la colaboración de la británica Bristol Aeroplane Co. Ltd., que proporcionó equipamiento técnico y personal especializado. El complejo, compuesto por una nave principal de 107 metros y otra destinada al banco de pruebas de motores, fue diseñado por Alejandro de la Sota, uno de los maestros de la arquitectura española del siglo XX y premio Nacional de Arquitectura.
La decisión del arquitecto de no ocultar el sistema estructural, mostrando vigas, pilares y tuberías, supuso una innovación estética que combina eficiencia funcional con ligereza visual. La declaración como BIC subraya su valor histórico, técnico y arquitectónico, y asegura su conservación como testimonio de la modernización industrial y aeronáutica del país, así como de la obra de uno de los arquitectos más influyentes de la arquitectura española. |