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29
Jun
2024
Reabre la iglesia de San Andrés tras una reforma integral PDF Imprimir E-mail
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Foto cedida por Obispado de Madrid

El templo de Latina tiene nueve siglos de historia

La Real Iglesia de San Andrés, situada en la plaza de San Andrés del céntrico barrio de La Latina, ha reabierto sus puertas tras una reforma integral del templo, con más de nueve siglos de vida e historia. El Cardenal Arzobispo de Madrid, José Cobo Cano, fue el encargado de presidir ayer la dedicación del nuevo altar y de dar de nuevo la bienvenida a todos, fieles y turistas, a este monumento nacional en el que se volverán a celebrar los sacramentos, impartir catequesis y a ejercitar la caridad.

“Nuestro deseo es que este templo, recuperado y dignificado en lo artístico, ayude a que esta comunidad parroquial crezca en renovación personal y en una obligada acción de gracias a Cristo, principio y fin de todo nuestro obrar”, ha señalado el párroco, D. Juan Francisco Morán.

El proyecto de reforma ha contemplado diferentes restauraciones: elementos pétreos de granito en partes del zócalo, basas, fustes, capiteles, en distintos niveles decorativos de la gran cornisa superior; las fachadas, con un revoco de grasa de ladrillo fingido; y trabajos de cantería. También se ha realizado la cubierta de plomo y renovación de la madera deteriorada.

En general, se ha actuado en la techumbre, fachadas, cornisas, revocos de granito, canalizaciones subterráneas y climatización mediante el sistema de aerotermia en el templo y sacristía. Asimismo, se ha pintado el templo; colocado mármol en todo el suelo, así como en plataforma del sagrario y altar; y renovado todas las canalizaciones.

La obra se ha podido acometer gracias al actual Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana (anteriormente, de Fomento), ha sido dirigida por el arquitecto D. Javier Vellés y ejecutada en distintas fases por CABSA, ACEROUNO y PEPSA.

Gracias a la colaboración de todos ellos, hoy, el pueblo y la diócesis de Madrid recuperan este monumento, que también renovará próximamente la iluminación gracias a un proyecto que será costeado por la Fundación de Endesa. A esto se une la cesión temporal que el Real Patronato del Museo del Prado ha hecho de cuatro cuadros, restaurados gracias a la colaboración de diversas personas e instituciones.

Según la información disponible, es más que probable que San Andrés fuera parroquia mozárabe durante la época musulmana de Magerit, aunque las primeras referencias históricas que tenemos sobre ella pertenecen a los años de la Reconquista de Madrid por el Rey Alfonso VI (a. 1085), siempre relacionados directamente con San Isidro Labrador, y con su mujer, Santa María de la Cabeza.

En efecto, bautizado en ella, y asiduo a la Misa diaria, fue enterrado (1172) en el camposanto que estaba en la parte oeste del templo; transcurridos cuarenta años, su cuerpo incorrupto se trasladó al interior de la Iglesia, junto al altar, facilitándose así la devoción al que fuera santo labrador y futuro patrono de Madrid.

Aquella Iglesia medieval de la que Isidro fue parroquiano debió ser modesta, quizás, por ello, la reina Isabel la Católica, que acudía con frecuencia a la Iglesia de San Andrés a rezar a San Isidro y a asistir desde la «tribunal real» a la Santa Misa, promovió a finales del siglo XV una mejora del templo, ordenó su ampliación y lo convirtió en Capilla Real. En el siglo XVI, Francisco de Vargas, jurisconsulto de Carlos V, y su hijo Gutiérrez Carvajal de Vargas, Obispo de Plasencia, construyeron la capilla de Santa María y San Juan de Letrán, conocida como «la capilla del Obispo», anexa a la Iglesia de San Andrés.

Cuando el rey Felipe II estableció la capitalidad en Madrid, una de las acciones que promovió fue la beatificación de Isidro el Labrador, algo que acontecería durante el reinado de Felipe IV —nieto del promotor—, en concreto el 14 de marzo 1622; fue entonces cuando se decidió la renovación de la Iglesia de San Andrés, procediéndose a la construcción en su interior de la majestuosa capilla de San Isidro, que albergó el cuerpo del santo patrono, introducido en una urna de plata ―regalo de los plateros madrileños―, bajo la gran cúpula que hoy se encuentra sobre el altar mayor de la Iglesia de San Andrés. Esta capilla fue trazada inicialmente por Juan Gómez de Mora. Su primera piedra fue colocada por el Rey Felipe IV.

La obra, con un diseño similar al Panteón de Reyes del Monasterio del Escorial, fue sufragada por la Casa Real, el Concejo de la Villa, otras ciudades españolas y hasta por los virreinatos de ultramar, encargándose su dirección a Pedro de la Torre, José de Villareal y Juan de Lobera. Las pinturas de la cúpula fueron obras de Francisco Ricci y Juan Carreño de Miranda. El retablo con que se adornó pertenecía a Alonso Cano. La capilla de San Isidro, con la que se inició el barroco castellano, fue inaugurada por el Rey Carlos II. Se proyectó un monumental retablo baldaquino que contenía las reliquias del Santo. Mármoles, jaspes y estucos flamencos enriquecían la cúpula. La capilla merece ser destacada por los estudiosos como una de las joyas del barroco español. En el siglo XVIII, el Rey Carlos III, tras la expulsión de los Jesuitas, dispuso trasladar el cuerpo de San Isidro a la actual Colegiata. Esta «capilla de San Isidro», que hoy constituye la parte nuclear de la Iglesia de San Andrés, fue declarada Monumento Nacional en 1925, y también la capilla del Obispo (1931).

Como la mayoría de los edificios situados en el interior de las antiguas murallas de la ciudad, la Iglesia de San Andrés ha experimentado a lo largo de sus más de nueve siglos de historia numerosas transformaciones, siendo la más traumática la sobrevenida por el saqueo e incendio ocurrido los primeros días de la Guerra Civil Española, en el que se destruyeron prácticamente todas las extraordinarias obras de arte que alojaba el conjunto histórico (los retablos de Alonso Cano, las esculturas de Pereira, el suntuoso baldaquino diseñado por Sebastián de Herrera, los cuadros de Alonso de Arco, Francisco Caro, Francisco de Ricci y Juan Carreño de Miranda…).

Tras el referido incendio de julio de 1936, se realizó un proceso riguroso de investigación y reconstrucción de su interior que respondiera lo más fielmente posible al original, algo que se vino haciendo durante décadas. Este proyecto de rehabilitación del conjunto del edificio, en el que participó de manera importante la Comunidad de Madrid —y también el Ayuntamiento— ha constituido un ejercicio ejemplar de respeto al proyecto original, de hecho, el 23 de febrero de 1995 recibió el premio Europeo de Rehabilitación Europa Nostra al ser declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento Nacional.

A estos datos históricos vinculados con el templo hay que añadir otro muy relevante: la parroquia de San Andrés tiene el honor de ser la primera iglesia donde se hizo voto de honrar a la Inmaculada Concepción de la Virgen, el 20 de abril de 1438, recogiendo una antiquísima devoción que existía en la villa y corte de Madrid a la Madre de Dios, la Inmaculada Concepción de María Santísima. Todos estos datos históricos, expresión de una historia hecha de fe y arte, impulsaron la reforma integral que ahora se inaugura.

 

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