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20
Oct
2019
Más de dos mil ovejas tomaron la Castellana PDF Imprimir E-mail
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Foto cedida por Ayuntamiento de MadridAlmeida vivió su primera Fiesta de la Trashumancia como alcalde

El paisaje urbano de Madrid muestra este domingo otro significado: la importancia del medio rural. Con el rumor de fondo al paso de las miles de ovejas y cabras que han atravesado el centro de la ciudad, se ha clausurado este domingo, 20 de octubre, la Fiesta de la Trashumancia, cuya ruta inicia en Picos de Europa y llega a la capital para conmemorar esa ley que protege las vías pecuarias de España y el tránsito libre de los rebaños de un lugar a otro.

Por esa razón, las calzadas han tenido este domingo unos protagonistas inusuales: los rebaños de ovejas y cabras retintas que, provenientes del norte, hacen parada en Madrid para continuar hacia las cañadas extremeñas a pasar el invierno. Esta Fiesta de la Trashumancia se ha convertido en un ritual del otoño madrileño.

El alcalde, José Luis Martínez Almeida, ha dado la bienvenida, acogida y mostrado su agradecimiento a los pastores, acompañados por los mayorales, rabadanes y ganaderos, y ha recibido el pago de los “50 maravedís al millar” estipulados por la Concordia de 1418 entre los Hombres Buenos de la Mesta y los Procuradores del Concejo de la Villa. Ese era el precio que debían pagar los pastores a las autoridades por hacer uso de los senderos. Ambas partes han rubricado un año más esa Concordia.

Almeida ha destacado el compromiso del Ayuntamiento con esta fiesta, en su 26ª edición. “Lo que pasa hoy en nuestras calles –ha dicho- es una buena muestra de lo que debe ser la España del futuro, con el mantenimiento de la cultura y las actividades tradicionales, como es la Trashumancia, de nuestro ecosistema y la biodiversidad. Esta fiesta no es una mera reivindicación del pasado sino una garantía y homenaje del mejor futuro para los diversos territorios que tenemos en España, donde coexisten realidades tan amplias y diferentes como por ejemplo sucede en la Comunidad de Madrid, donde hay una capital con más de tres millones de habitantes y apenas a 50 kilómetros tenemos un parque natural como es el de la sierra de Guadarrama”.

Junto a ellos han estado presentes, entre otros, el secretario general de Agricultura y Alimentación; el consejero de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid; representantes del Consistorio madrileño, portavoces y delegados municipales; el delegado de área de Medio Ambiente y Movilidad, Borja Carabante, además del presidente de la Asociación Trashumancia y Naturaleza, así como los pastores y los ganaderos.

Por la plaza de Cibeles han pasado los rebaños compuestos por unas 1.900 ovejas merinas y 150 cabras retintas propiedad del Concejo de la Mesta. Esta mañana salieron de la Casa de Campo y, tras subir por la Cuesta de la Vega y cruzar Bailén, recorrieron la calle Mayor hasta la Puerta del Sol, para enfilar después la calle de Alcalá y alcanzar Cibeles, desde donde harán el mismo camino inverso hasta la Casa de Campo, antes de partir a las dehesas de Navalquejigo (Fresnedillas de la Oliva) donde realizarán la paridera del rebaño y la invernada. Es la cuarta vez que los rebaños cierran el recorrido andando ya que hasta 2016 el retorno se hacía en camiones.

El Alcalde, que ha realizado parte del recorrido a pie juntos a los rebaños, ha manifestado “la importancia de dar apoyo, desde una ciudad como la nuestra, a este tipo de actividades, también económicas, y que ayuda a que estas poblaciones de la España vaciada puedan quedar visibilizadas”. “Miremos hacia el futuro” –ha señalado- haciendo hincapié en que “este reflejo de nuestra historia, cultura y de nuestras tradiciones a lo largo de los siglos pasa porque se mantengan para fijar población en la España vaciada”.

La fiesta nació a iniciativa de la Asociación Trashumancia y Naturaleza en colaboración con el Ayuntamiento de Madrid para reivindicar la aprobación de una nueva Ley de Vías Pecuarias, que finalmente se promulgó el 23 de marzo de 1995. El nuevo texto legal que reconoció las cañadas, cordeles y veredas como bienes de dominio público, inalienables, imprescriptibles e inembargables. Después de que un año antes, en 1994, un acto simbólico reivindicara la trashumancia como una forma de ganadería extensiva y sostenible, estrechamente vinculada a valores culturales, ecosistemas y paisajes característicos de la Península Ibérica.

Un cuarto de siglo después, el paso de los rebaños por las calles de la ciudad es una cita obligada para todos los madrileños, junto a la renovación del compromiso por parte del Ayuntamiento: la preservación de un patrimonio único en el mundo: 125.000 kilómetros de longitud y 420.000 hectáreas de superficie, protegido desde el año 1273.

Martínez Almeida ha animado también a los asistentes a conocer los diversos mercados de productores que tenemos en Madrid, “donde periódicamente se vende los productos autóctonos y que es un buen ejemplo de convivencia y acercamiento entre lo que es la España ocupada y la España vaciada a la que tenemos que garantizar un futuro apoyando y manteniendo sus actividades tradicionales y económicas”. Los actos en Cibeles han finalizado con los vítores de todos los presentes hacia la continuidad de la celebración de la fiesta de la Trashumancia.

Actividades paralelas

Paralelamente al trasiego de los rebaños, el Ayuntamiento de Madrid y la Asociación Trashumancia y Naturaleza han celebrado este fin de semana dos intensas jornadas de talleres (lana en familia, cerámica), degustaciones (pan y quesos artesanos), catas (mieles y vinos naturales), debates (mujeres en el mundo rural, otros modelos de consumo). Los festejos comenzaron ayer en la Casa de Campo, donde se dio el paseo matinal de bienvenida al rebaño y se celebró el seminario 'Pastoreo urbano y cambio climático'. Y en la Galería de Cristal del Ayuntamiento, donde las actividades para niños y familias se celebraron a lo largo de todo el sábado.

El simbolismo de una forma de vida

Desde sus inicios la fiesta ha estado plagada de simbolismo con el fin de dar a conocer la importancia histórica, cultural, social y ecológica de los pastores españoles y sus ganados, así como de las vías pecuarias. De ahí que el recorrido siga fielmente el rito de la trashumancia. Son los mayorales y sarrujanes los que abren paso al ganado. Ellos y sus mastines son los encargados de defenderlo de los lobos, recorrer las cañadas en busca de los mejores pastos, arrendar las montaneras y denunciar cualquier intrusión en las vías pecuarias.

Los pendones concejiles son la referencia fundamental para mantener las distancias entre los distintos grupos. Les siguen los arrieros encargados de garantizar con sus recuas de mulas el tráfico de mercancías desde los puertos gallegos hasta Madrid. Les acompaña la Cabaña Real de Carreteros, fundada por los Reyes Católicos y representada por las carretas de bueyes seranos y de vacas avileñas. Distintos grupos populares acompañan el paso de los rebaños al son de la música tradicional de las distintas comarcas.

El viceconsejero de Medio Ambiente, Ordenación del Territorio y Sostenibilidad de la Comunidad de Madrid, Mariano González, ha participado en la fiesta de la Trashumancia. Una jornada donde los ganados de ovejas han ocupado las calles del centro de Madrid, convirtiéndolas en Cañada Real por un día. El rebaño que ha transitado por la capital es de la mesta de Pastores y cuenta con 2.000 ovejas merinas y 100 cabras retintas. Llegan de su tradicional recorrido desde Los Picos de Europa y pasan por Madrid, en busca de pastos frescos, hasta la dehesa extremeña de Navalquejigo, en Fresnedillas de la Oliva, donde se producen los nuevos nacimientos y se preparan para pasar el invierno.

Esta variedad de pastoreo cuenta cada edición con el apoyo de la Comunidad de Madrid. La región dispone de 1.767 vías pecuarias por las que transita el ganado por lo que “hace imprescindible mantenerlas en estado óptimo para facilitar el tránsito del ganado y las personas además de poner en valor el pastoreo como uno de los oficios más antiguos”, ha señalado el viceconsejero, quien ha participado, también, en la tradicional entrega de maravedís.

 

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