Es uno de los acusados del terrible crimen de Novelda de hace cinco años
Roberto Fernández Magriñat tenía 84 años, Alzheimer en fase 2 y una casa en la calle Virgen del Pilar de Torrejón de Ardoz. Había sido cardiólogo en La Habana, en el Hospital Hermanos Ameijeiras, uno de los mejores de Cuba. Había dado clases de cardiología antes de venir a España. Había regentado una consulta en la calle La Solana. Y había decidido, hacía años, que quería morir en su casa. "De aquí no me sacan. A mí me encanta Torrejón y quiero estar en mi casa", decía.
El lunes 7 de septiembre de 2026, Roberto desapareció. Su hijo, que vivía con él, dijo que se había caído, que le había puesto una tirita, que se había dormido y que, al despertar, ya no estaba. Su hija Janet llegó a la casa esa mañana. Su madre había subido antes y le había avisado desde la terraza. "Al entrar, me encontré a mi hermano diciendo que era muy raro que la llave no estuviera en la entrada. Le pregunté dónde podía estar mi padre y decía que debía estar en su cuarto". La familia empezó a buscar. Janet fue a la Policía a denunciar la desaparición. Y su hermano la acompañó. "Fui yo quien puso la denuncia, y él me acompañó".
La Policía Nacional calificó el caso como una "desaparición inquietante". Es un término técnico. Significa que la persona no se ha ido por voluntad propia y que puede haber indicios de criminalidad. El Grupo XII de la Jefatura Superior de Madrid, especializado en desapariciones, se hizo cargo del caso junto con la Comisaría de Torrejón. El jueves 10 de septiembre, el hijo de Roberto fue detenido. Tenía 51 años, nacionalidad española, origen cubano, y un historial que la familia conocía pero no quería recordar. Había estado en prisión por el asesinato de una mujer en 2021. Había salido en libertad provisional a la espera de juicio. Y el juicio estaba previsto para diciembre de 2026.
La mujer se llamaba Rosa Limón. Tenía 66 años. Había contratado al hijo de Roberto y a otras personas para hacer una mudanza en Nombela, un pueblo de Toledo. Según la investigación, intentaron abusar de ella. Ella se resistió. Uno de ellos la golpeó en la cabeza con una barra de metal. La metieron en el camión de la mudanza y trataron de huir. El vehículo quedó atascado en un camino rural. Un guarda avisó a la Guardia Civil. Cuando los agentes llegaron y vieron que salía sangre de la caja del camión, preguntaron qué llevaban. El hijo de Roberto respondió: "Sí, llevamos cochinillos". Al abrir la compuerta, apareció una pierna humana.
La Policía Científica registró la vivienda de Roberto. El hijo había dado acceso voluntario a los agentes, convencido de que no encontrarían nada. Había limpiado. Había pintado las paredes. Pero los reactivos químicos encontraron restos de sangre en varios puntos de la casa. La pintura no lo había tapado todo. Telemadrid confirmó después que la Policía tiene imágenes del detenido comprando la pintura con la que trató de ocultar las manchas. Y que se han encontrado restos biológicos en su coche, lo que confirmaría que trasladó el cuerpo para deshacerse de él.
Roberto sigue sin aparecer. La Policía ha buscado en el vertedero de Loeches. Ha inspeccionado las zonas comunes del edificio. Ha tomado declaración a numerosos testigos. Pero el cuerpo no está. Y sin cuerpo, no hay entierro. Solo hay un doble luto, como dice Janet: "Esto es un doble luto, es como vivir dos entierros". El hijo está en prisión provisional, comunicada y sin fianza, en el centro penitenciario de Alcalá Meco, acusado de un delito de homicidio. La investigación está bajo secreto de sumario. La calificación del delito es provisional y podría cambiar conforme avance la instrucción en el Juzgado de Instrucción número 4 de Torrejón. Janet ha dicho que su hermano "no está en su sano juicio". Que le ha querido toda la vida. Que hay noches que no duerme y no para de llorar. |