Los síntomas continúan o reaparecen cada cierto tiempo
Seis años después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara la pandemia de COVID‑19, sus consecuencias siguen afectando de forma prolongada a una parte significativa de la población en España. Según diversos estudios y encuestas presentados esta semana, más de dos millones de personas en el país conviven actualmente con lo que se conoce como COVID persistente o “long COVID”, una afección en la que los síntomas continúan o reaparecen meses o incluso años después de que la infección inicial haya pasado.
La COVID persistente se caracteriza por una amplia variedad de síntomas que pueden incluir fatiga extrema, dificultad para respirar, dolores musculares, problemas cognitivos como la denominada “niebla mental”, pérdida de memoria, insomnio, alteraciones del sueño, ansiedad y depresión, entre otros. Estos malestares pueden afectar gravemente la calidad de vida y la capacidad para realizar tareas cotidianas o mantener un ritmo laboral normal.
Un informe reciente, por ejemplo, señala que la mitad de los afectados no recibe un tratamiento médico específico, lo que dificulta aún más su manejo clínico y su recuperación. Además, alrededor del 62 % de las personas con COVID persistente consideran que se contagiaron en su lugar de trabajo, pero solo alrededor de una cuarta parte han logrado que su enfermedad sea reconocida oficialmente como accidente laboral o enfermedad profesional, lo que limita el acceso a prestaciones y protección social adecuada.
Este panorama pone en evidencia tanto la carga sanitaria como la laboral y social de esta dolencia prolongada, que sigue generando discapacidad en una parte significativa de la población años después del inicio de la pandemia. Asociaciones de pacientes y expertos reclaman una mayor atención médica, protocolos específicos de diagnóstico y tratamiento, reconocimiento laboral más amplio y apoyo institucional para abordar de forma integral las necesidades de quienes viven con COVID persistente. |