17
Ago
2026
Borrando el arte: historia de los murales perdidos Imprimir
Lente de Aumento - Torrejón Secreto
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Torrejón ha eliminado en los últimos años obras de Manuel Ojeda, Los Domingos al Sol y Sfhir de sus muros

Torrejón ha perdido, en los últimos años, una parte importante de su patrimonio artístico urbano. No ha sido un proceso accidental. Ha sido un borrado sistemático, pieza a pieza, que ha afectado a algunas de las obras más emblemáticas de la ciudad. Y, según los expertos, este tipo de actuaciones podrían no ser legales si no se han seguido los procedimientos adecuados.

En 2017, la asociación local "Los Domingos al Sol" pintó un mural de Michael Jackson en el rocódromo del Recinto de Conciertos del Ferial, una obra que enseguida se convirtió en lugar de peregrinaje obligado de los fans del "Rey del Pop" de la asociación local "Los Domingos al Sol", dentro del Plan de Mejora Estética, pero en octubre de 2022, el gobierno de Ignacio Vázquez derribó el rocódromo para ampliar las Mágicas Navidades, llevándose por delante la obra.

En 2015, el entonces alcalde Pedro Rollán presentó la reforma de la Plaza Centro, que contaría con dos obras de Manuel Ojeda: 'Los mundos del agua' (400 m²), un gran mural que reproducía escenas de la cultura china; y 'Los estados del alma', la obra magna del "pintor de cámara" torrejonero, en que, con un estilo hiperrealista con influencias de Antonio López, reprodujo, durante más de tres años, el skyline torrejonero. Pero en mayo de 2023, el gobierno de Ignacio Vázquez anunció la renovación de los cubos. 'Los estados del alma' fue eliminado y sustituido por réplicas de Salvador Dalí y Toulouse-Lautrec bajo la temática de 'Mujeres de espaldas'. Aquella fue la primera pérdida. En agosto de 2026, con la excusa de un cambio de iluminación, el gobierno de Alejandro Navarro ha destruido 'Los mundos del agua'. La Plaza Centro ha perdido así los dos murales que la convertían en un referente artístico.

Sin embargo, el caso más grave, y el que revela la magnitud del problema, es el del muro que ha visto pasar a algunos de los mejores muralistas del mundo, incluyendo a Sfhir, uno de los nombres más respetados del arte urbano contemporáneo, y a otros artistas que han dejado su huella en las calles de Madrid. En 2018 y 2019, el artista y otros muralistas internacionales participaron en el Urban Festival de Torrejón, dejando sus obras en un muro que se convirtió en un referente del arte urbano.

Con vocación efímera, pues debían ser repintados el año siguiente, el coronavirus "salvó" las obras de 2019, ya que no hubo una nueva edición del festival en aquel año. La obra de Sfhir y las de otros artistas permanecieron intactas, hasta que en 2021, el gobierno de Ignacio Vázquez decidió destruir las obras de los muralistas internacionales para pintar una imagen promocional de las Mágicas Navidades. En 2026, el gobierno de Alejandro Navarro decidió acabar definitivamente con el muro para instalar pantallas acústicas.

Pero estas decisiones de eliminar el patrimonio artístico van mucho más allá de la mera discrecionalidad de un Gobierno. La protección del patrimonio cultural en la Comunidad de Madrid se rige por la Ley 10/1998, de 9 de julio, de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid. Esta ley establece que los bienes que forman parte del patrimonio cultural deben ser preservados y protegidos. Los murales de arte urbano, cuando han sido encargados por instituciones públicas y forman parte del espacio público, pueden ser considerados parte de este patrimonio, especialmente si tienen un valor artístico reconocido.

Además, la Ley de Contratos del Sector Público (Ley 9/2017) exige que cualquier modificación o eliminación de elementos instalados en el espacio público que hayan sido fruto de una contratación pública debe seguir un procedimiento administrativo. Esto incluye la necesidad de informes técnicos, valoración económica y, en muchos casos, la tramitación de un expediente de desafectación. Si no se han seguido estos pasos, la destrucción podría considerarse una irregularidad administrativa.

En los últimos años, el Defensor del Pueblo ha actuado en casos similares de destrucción de patrimonio en otras comunidades autónomas: En Andalucía, el Defensor del Pueblo Andaluz ha recomendado a las administraciones titulares de la Plaza de España de Sevilla (Bien de Interés Cultural) que adopten medidas para "corregir una situación inaceptable que a todas luces implicaba una desatención de los valores patrimoniales y culturales del inmueble" . La institución también ha actuado de oficio en casos de vandalismo en la Plaza de España y en el estado de conservación de conjuntos históricos en Baza y Granada .

En Mallorca, el Defensor del Pueblo ha aceptado una queja de vecinos de Palmanyola que reclaman la reposición de una estatua desaparecida en la finca pública de Raixa. Los vecinos denuncian que llevan años reclamando su restitución "obteniendo siempre la callada por respuesta" . En Navarra, el Defensor del Pueblo ha recomendado a la administración foral que lleve a cabo trabajos de limpieza en una parcela de titularidad pública y que incoe un procedimiento de responsabilidad patrimonial por los daños causados a un inmueble aledaño .

Estos precedentes demuestran que el Defensor del Pueblo puede ser un cauce efectivo para denunciar la falta de protección del patrimonio cultural. En el caso de Torrejón, la destrucción sistemática de murales, la falta de explicaciones oficiales y el borrado de las pruebas de su existencia podrían ser objeto de una queja ante el Defensor del Pueblo de la Comunidad de Madrid o ante el Defensor del Pueblo estatal.

El problema no es exclusivo de Torrejón. En Alcalá de Henares, la alcaldesa Judith Piquet ha sido criticada por la destrucción del mural del hermanamiento realizado por Miguel Rep en la Casa Tapón. El escritor y catedrático José Manuel Lucía Megías ha denunciado que la actuación municipal no solo es una ilegalidad, sino también "una pérdida de patrimonio artístico quijotesco de la ciudad". Según Lucía Megías, el muralismo contemporáneo "no es arte efímero, sino que está llamado a transformar nuestras ciudades a partir de unos artistas plásticos que son contratados" .

El patrimonio artístico de una ciudad no es un adorno. Es la memoria de una comunidad. Y cuando se borra, no solo se pierde una obra de arte. Se pierde una parte de lo que somos. Y lo que es peor: se pierde sin que nadie haya pedido permiso.