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07
Ago
2016
Comienza la demolicion de la historica discoteca ATTICA junto al Puente de San Fernando PDF Imprimir E-mail
Zona Este - San Fernando de Henares
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La sala fue clausurada hace veinte años por estar construida en terreno ilegal

Un 6 de agosto del año 1995 se celebraba la última “fiesta clandestina” en la discoteca más importante del movimiento Clubbing en Madrid, una última fiesta que terminaba con varias denuncias y la apertura de un expediente de demolición que ha tardado 21 años en ejecutarse. Y es que la mítica discoteca ATTICA del Puente de San Fernando está a punto de pasar a la historia al haber comenzado los trabajos de demolición tanto del chalet como de la terraza ubicada en la parte superior.

Pero para entender la historia del “after” más grande de Madrid hay que remontarse a los primeros años 80, cuando un empresario decide abrir un restaurante junto a la Nacional II, exactamente igual que otros situados en las cercanías. La Junta de Distrito de Barajas (a pesar de estar entre Coslada y San Fernando el edificio forma parte del término municipal de Madrid) otorga la licencia correspondiente y se abre el restaurante.

En 1987, los dueños deciden alquilar el edificio durante diez años, y los nuevos “propietarios” optan por convertirlo en una macrodiscoteca con dos plantas. Según contaban en su momento, solicitaron el cambio de uso y la nueva licencia, pero la Junta de Barajas y el Ayuntamiento de Madrid lo denegaron.

A pesar de ello, la discoteca abrió y lo hizo con un estilo de música Funky destinada a un público formado por los americanos de la Base de Torrejón.

Dos años más tarde, y en plena efervescencia de lo que sería la “ruta del bakalao” en Valencia, los dos socios transforman el concepto de su local, convirtiendo la discoteca en un “after” donde podían escucharse los sonidos más underground de la capital. ATTICA no tardaría en convertirse en un referente para los jóvenes de toda España, y en la primera parada (exceptuando Radikal en Alcala, y Bachatta en Torrejón) de esa ruta musical que unía Madrid y Valencia cada fin de semana.

Por el “Infierno de ATTICA” (la planta baja, donde la luz era casi inexistente) y el “Cielo de ATTICA” (donde por unos grandes ventanales se colaban los rayos del Sol cada mañana de domingo) pasaron algunos de los nombres más importantes de la música electrónica del momento, como Chimo Bayo, o el mismísimo Abel Ramos, que ejerció de DJ residente ocasional en la discoteca.

Con la llegada de los 90, y cuando los medios comienzan a contar en qué consiste la “ruta del bakalao”, la discoteca comienza a tener problemas: los vecinos de Coslada se quejan de los ruidos, y el por aquel entonces Jefe de Policía, Ginés Jiménez, ordena el comienzo de la denominada “Operación Jarama”.

Los policías locales intensifican los controles, informando a Delegación de Gobierno de lo que ocurre dentro. En octubre de 1994, el Ayuntamiento de Madrid ordena el “cierre inmediato” de ATTICA y su precinto al no tener licencia de funcionamiento, además de abrir un expediente de demolición del chalet al estar ubicado en terreno declarado rústico. Madrid, no obstante, mantiene la licencia de funcionamiento para el restaurante que ocupaba la terraza del edificio.

Eso sí, los “attikeros” no tuvieron que esperar mucho para la reapertura. Tan sólo una semana después del precinto, el espíritu ATTICA se trasladaba al corazón de Torrejón, en concreto a la discoteca Bachatta de Avenida de la Constitución. La aventura torrejonera duró muy poco, y quince días después el alcalde José Pina ordenaba el precinto por no contar con licencia de apertura.

Tras el cierre, los amantes del “clubbing” volvieron al Puente de San Fernando, y lo hicieron para, aprovechando que la terraza seguía abierta, organizar las denominadas “fiestas secretas” de ATTICA, en las que no se abría, de forma oficial, la discoteca, pero sí el acceso desde el restaurante.

Las “fiestas secretas” terminaban de forma trágica en pleno verano de 1995, cuando un chico de 19 años, Pedro S. fallecía a las puertas de la discoteca tras consumir varios tipos de drogas. Tras lo ocurrido ambos socios fueron detenidos acusados de imprudencia temeraria, al saltarse el precinto y organizar la fiesta.

Puestos en libertad, y comenzando una guerra mediática abierta con el Concejal de Urbanismo, al que acusaron de cobrar sobornos, los dos socios decidían despedir la historia de ATTICA con una última gran fiesta que se celebraba el día 6 de agosto de 1995. La “última fiesta”, como se denominó, volvió a romper el precinto para llenar la terraza de la discoteca con la mejor música electrónica que podía escucharse en la capital.

 

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