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05
Jun
2015
Los confesores PDF Imprimir E-mail
Punto D Vista - Otra mirada
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Jesús Hernández Gallardo

Había una vez una parroquia con intenciones democráticas perpetuas, donde todos los parroquianos entraban por el aro político, teniendo quien más o quien menos recelos, dudas e inseguridades conforme con la Ley de dios, ese plastificado e idolatrado icono que no manda más que en los entornos políticos.

Los actos de fe eran continuos, de tal manera que se consideró oportuno por parte de la autoridad eclesiástica montar unos chiringuitos a modo de confesionario, quitando la irreverencia que a priori pudiera parecer, para que los dubitativos parroquianos llegaran a alcanzar el consenso interno, para quedarse tranquilos consigo mismos y cumplir con la obligación como ciudadano con su autoridad celeste y gubernativa.

La tremenda duda que imperaba en todo el territorio parroquial era designar a los consultores o confesores, aquellos eruditos que pudieran sacar de dudas al personal cargado de fidelidad a las ideas políticas de tan dinámica comunidad.

No era fácil atender a tan alta ordenanza que, dada la finalidad, entraría a formar parte de las más platónicas y deseadas ambiciones parroquianas, enmascarada por la lucha sin cuartel por todos y cada uno de las rinconadas de tan pundonoroso lugar.

Dentro del límite parroquial existían fieles a las banderas más extremistas del espectro político, dominado por el rojo, granate, encarnado o colorado. Dependiendo de quién lo diga, utilizará un calificativo u otro. De la otra parte los hay inflexibles a sus rectas creencias, incapaces de doblar ninguna de sus ideas altruistas o patrióticas, tan solo permiten consejos de índole inmovilista, sin cintura, ajustados a unas dimensiones que no permiten la cabida ni cambio a los cánones considerados de sublime patriotismo.

La Junta Parroquial, gobernada por los vetustos ganadores de anteriores escrutinios eran incapaces de designar a los consultores populares, a los que debían asesorar al vecindario parroquial para que llegaran a una determinación personal que cubriera de paz al intelecto individual de los fieles.

Dadas las circunstancias, en vista de la obsesiva necesidad de instrucción política, se decidió nombrar confesores preferentes a Albert Ribera y Pablo Iglesias, que deben ser quienes tienen la llave de las decisiones, los que con minoría de fieles a sus espaldas, gozan de las soluciones parroquiales. Parecía que el oráculo de los dioses y distribuidor de la ciencia del lugar sería Mariano Rajoy, junto con su antagonista y rival Pedro Sánchez, pero conforme transcurre el devenir cronológico, han pasado a un plano de insignificancia política, ensalzando y elevando a los altares a esas vedettes del panorama actual. Los oscuros confesionarios son también un nido de mentiras, de verdades a medias, que son las más dañinas, y de trolas monumentales. Todo esto es similar a los acuerdos y pactos con que están acostumbrados los políticos a despachar en sus opacas reuniones con escasas y míseras verdades sobre la mesa.

Aquí no hay parroquiano quien levante la voz al mismo nivel que Pablo y Albert, ellos se aprovechan de su coyuntural posición en el ranking electoral y son los que reparten los sacramentos políticos, soltando la mano con las confirmaciones de cargos importantes en los registros de administración parroquial y los que suben la voz y el cante en cada uno de los puntos neurálgicos del religioso territorio. Son los amos de los monaguillos y capellanías, de los sacristanes y clérigos con mando en plaza y están cargados de purpúreo poder para que se pueda desenroscar y desanudar la actual paralización política parroquiana.

Jesús Hernández Gallardo

Funcionario del Estado

Torrejón de Ardoz

 

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