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30
Abr
2015
Barbanieves y los 13 enanitos PDF Imprimir E-mail
Punto D Vista - Otra mirada
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Jesús Hernández Gallardo

Erase una vez una aldea, situada allá en un rincón del mundo donde todo era manejado al antojo de Barbanieves y los 13 enanitos. Se trata de una banda que antaño gozaba de la aprobación de los habitantes del lugar, queridos y vitoreados por la mayoría de los aldeanos, de los inquietos y sufridos lugareños, aunque con el tiempo se ha ido sabiendo de sus actuaciones ocultas, al amparo de ponzoñosas acciones incluidas en el disciplinario código antiético, aunque dilatadas en los castigos por las trabas y zancadillas señaladas en la clandestinidad y en la inmunidad de la nube.

Se trata de un lugar alzado, donde se suben los que andan pringados de los asuntos económicos, de esos que tienden a hacerse con la mayor tajada del botín. Es una nube de notoria exclusividad donde se alzan los que gozan de impunidad por su condición de representación aldeana. Es lugar con derecho de admisión, exclusivo, con un password o clave de acceso, donde se encuentran todos aquellos que están en boca de todos, pero que no se puede actuar en su contra a pesar de las evidencias o contrastes, por tener una carta bajo la manga, que les da inimpunidad o inmunidad parlamentaria. Son salidas que se han ido preparando por si las meteduras de pata se pasaban de castaño oscuro. En definitiva zancadillas grotescas sin pies ni cabeza que se les pone a la justicia del lugar, aunque válidas para despejar marrones no deseados.

Barbanieves es un aldeano con entendederas, con sabiduría en esas actividades de mando, pero desbordado por sus cercanos colaboradores, con los tipos más próximos de su entorno resolutivo. Ha aparecido un tiparraco panzón y deslenguado que se jacta de atesorar los réditos de la banda, del acopio y beneficio acumulado a lo largo de los años de maquinaciones que están fuera del guión activo.

Las declaraciones del deslenguado panzón han descolocado a los enanitos y a Barbanieves, todos disimulan ante la catarata de declaraciones. Parece ser que nadie ha roto un plato, ninguno ha movido ni un dedo para amasar tanto beneficio colectivo. El enanito de hacienda, con presencia vampiresca, dice que nada es verdad, todo son invenciones y que cobra por residir en la aldea aun teniendo varias moradas donde apañarse. Eso de incrementos en la nómina les tiene mareados!

Los enanos son ejecutivos que rondan al amparo de su jefe Barbanieves, todos peones colectivos que zascandilean de un lugar a otro a órdenes del exigente líder, con poco margen de maniobra por el marcaje al que están sometidos.

Cuando llegan periodos de elección en la representación pueblerina todos se maquean para aparentar limpieza y sabiduría, aunque la rivalidad empuja, acusando de lo contrario, consiguiendo que todo parezca un circo de payasos con titánicos esfuerzos para representar lo contrario.

No es intención del cuentista que esto que narra se parezca a realidad alguna, aunque algo habrá que se asemeje al devenir de estos tiempos o a las circunstancias del comportamiento de la chusca política. Tras la Semana Santa bien merecen unos azotes para mitigar en lo posible las oníricas ambiciones personales y el daño causado al erario público de esta supuesta aldea.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

 

Jesús Hernández Gallardo

Funcionario del Estado

Torrejón de Ardoz

 

 

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