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21
Abr
2015
Pellizcos PDF Imprimir E-mail
Punto D Vista - Otra mirada
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Jesús Hernández Gallardo

¿Qué se necesita para que las potencias mundiales reaccionen? Es posible que las atrocidades de Nigeria con las niñas cautivas les sea indiferente a la opinión pública, que la violencia islamista en Filipinas o Kenia pase desapercibida para el mundanal ruido, que las bestialidades de los talibanes queden ocultas en las vistas televisivas de todo el mundo, que el hambre de países africanos esté silenciado por la sociedad...¿Qué es esto?. Me estoy acordando del gesto de indiferencia de la gente que pasa al lado de una persona tumbada en el suelo del metro y se queda impasible. Los índices de deshumanización están llegando a unas alturas que estamos colmando el vaso de la falta de sentimientos humanos.

De repente nos llega una desgracia de un naufragio en el Mediterráneo, de gentes que huyen de la miseria, la guerra y el hambre y no nos estremecemos, no hacemos más que planteamientos, suspiros al aire, de cara a la galería, con ánimo de aparentar dolor en el alma y al día siguiente a otra cosa. Mueren quizás 600 personas y nos quedamos con la mirada al frente como si esa cifra no fuera más que un número sin contenido, sin comentarios que te salgan del interior, que clamen al horizonte y señalen con su dedo acusador a todo el que tenga todavía vergüenza como para brincar de la silla y despertar del letargo, de esa maldita siesta adormecedora que al gritar no oye, que al arder no ve el oscuro resplandor, que al pellizcar no reacciona ante el dolor.

Quedarán en el mar enterrados cientos de cadáveres que, cansados ya de sufrir, trataban de buscar otra vida supuestamente más humana, más cercana al desarrollo, más acorde con el siglo XXI. Pero no, se volverían tan autómatas como todos los que estamos ya en la espiral de hielo interno, a la que tratamos de darle una capa de barniz que coloreé un poquito la cara y maquille el egoísmo y estupidez.

Los políticos siguen a lo suyo, echarán discursos con muy buenas palabras, cubrirán con los gestos que se les exigen para estas ocasiones, apelarán a la solidaridad de los países ricos, dirán que lo estudiarán, que aplicarán medidas para evitar estas masacres... todo ello en un ambiente de pobreza interna, desde el escaparate, con falta de ganas, de duende, de nervio, de corazón.

Todavía hay gente que denuncia esta pasividad, esta entrega al conformismo criminal y, por esta valentía, merece la pena que sigamos confiando en que poquito a poco se ponga de nuevo la maquinaria de la Humanidad en marcha y seamos capaces de compartir, de no ocultar nuestros sentimientos mientras el mundo esté lleno de desigualdades y de extremas necesidades. Alcemos la voz desde donde se pueda, hagamos entre unos y otros que fluyan nuestros corazones y palpemos nuestros latidos sincronizados y todos en la misma dirección. Hagamos que nuestros gritos se escuchen en los oídos más poderosos y vibren ellos igualmente, que se contagien de la bondad que ciertamente existe y en la que creemos.

 

Jesús Hernández Gallardo

Funcionario del Estado

Torrejón de Ardoz

 

 

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