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02
Abr
2015
Miércoles Santo, el Silencio... PDF Imprimir E-mail
Punto D Vista - Otra mirada
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Jesús Hernández Gallardo

Antes de la procesión, cuando tengo momentos de deleite, esos que preceden al acto en sí, examino los diferentes ángulos del paso del Cristo de Vera Cruz y de la Virgen de la Soledad y admiro su belleza, su gran bondad, su sugerente sinceridad de gesto e innegable identidad. Es un ritual al que me debo cada año, cada día de los que tengo el honor de cargar en mi hombro las santas imágenes, junto con mis Hermanos, compañeros de viaje. Es ciertamente cuando puedo disfrutar de la realidad, de la incomparable panorámica que nos ofrece y traduzco en mi interior, para seguidamente volar y trasladarme a los momentos de la Historia Sagrada, cuando de niño me enseñaban los maestros en el colegio y ya me emocionaba. ¿Seguiré siendo niño?. No lo puedo evitar, me sigo estremeciendo, se me vuelve a poner el vello erizado... por eso asumo la responsabilidad de transportar sobre mi hombro, con la humildad que todo ser humano acepta cuando comprende la simpleza de su ser, creado por Dios y me uno a todos los que allí me acompañan.

Durante la procesión no tengo oportunidad de saborear al Cristo ni a la Virgen, pero si las caras de admiración que descubro en las gentes que disfrutan al paso, que anima siempre e impulsa a seguir comprendiendo el compromiso del acto.

Cuando capto en mis oídos la melódica música de "Caridad del Guadalquivir" es cuando me da la impresión que despierto de mi letargo interior, cuando los sones de la bonita marcha me hacen poner los pies con más firmeza en el suelo, cuando empiezo a percibir la realidad y belleza de la Semana Santa. Quien no despierte a esta bondad es que vive en Babia, porque el que pasaba por ahí y se encuentra con el Cristo de la Vera Cruz de cara en su camino…. seguro que le hará sentir un pinchazo en sus entrañas que, aunque no sea creyente, removerá sus ideas y le hará pensar un poquito en los orígenes de su existencia. Al escuchar esa marcha de Semana Santa me hace navegar, evadirme, sentarme en un rincón de la nube con mis cosas, mis preocupaciones y convicciones personales.

Mientras tanto la primavera deja ver sus primeros retoños, el magisterio de la vida y de la naturaleza permite expresar su evolución, su encanto, su imparable e incontenible belleza. En algún tramo del recorrido descubro a Jesús, despojado de sus vestiduras, indefenso, sin amparo alguno, tan solo del consuelo de su Santa Madre la Virgen y los íntimos al pie de la Cruz, nuestra Vera Cruz, a la que mis Hermanos y yo homenajeamos y sentimos en nuestros hombros. Todo esto me traslada a la vida de esta tierra y piensas en todos aquellos "sin techo", en los desahuciados de sus casas, en la imperfecta Justicia Social y en todo el camino que nos falta por recorrer para ajustar todos estos olvidos, y mirar para atrás cuando sea necesario por solidaridad con los necesitados. Cuando se sitúa la cabeza en lo contemporáneo, y lo que te ocupa realmente que es la procesión, notas humedad en la cara, quizás por las sensaciones y sensibilidades en las que te ves envuelto, y que han pasado inadvertidas, inconsciente de ello hasta que te vas aproximando de regreso a la Iglesia de San Juan Evangelista. Entonces adviertes la humedad del paño de la capucha mojado, pero lo asumes admitiendo que forma parte de la grandeza que se vive, y que forma parte de la naturalidad que te ofrece lo Divino, del favor del Cielo que hace un guiño agradeciendo tu respuesta aquí con tus Hermanos de la Vera Cruz.

En lo alto, allá en el cielo, cuando la primera luna llena de primavera ha sido testigo de la última parte de nuestra procesión, con la partitura, el pentagrama y el redoble del tambor y ha iluminado con su resplandor nítido, junto con nuestros candiles, al Cristo de la Vera Cruz y a la Virgen de la Soledad, ella se ha unido a todos nosotros en la devoción desde arriba, y expresa su cara más sincera, como la nuestra: toda la Hermandad de la Vera Cruz como un solo corazón, un solo latido, un ritmo idéntico.

Jesús Hernández Gallardo

Funcionario del Estado

Torrejón de Ardoz

 

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