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03
May
2011
El fin de una era PDF Imprimir E-mail
Punto D Vista - Mira Telescópica
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La Transición es una etapa de la Historia de España comprendida entre la muerte de Franco, y la consolidación de la democracia. En este periodo se ponen las bases del sistema político, social e institucional en el que vivimos; pero este sistema está empezando a resquebrajarse.

El sistema que nace en la Transición tenía una serie de elementos básicos que lo hicieron único en su género: por ejemplo, la instauración de un sistema de "sopa de siglas", que dieron lugar a un bipartidismo imperfecto; imperfecto no porque no haya solo dos partidos, que también, sino porque el resto departidos están más interesados en sacar tajada de cualquier situación, que en defender los intereses, no ya de España, sino de su propia región. No en vano un peso pesado de la teoría política, Giovanni Sartori, los llama "partidos chantaje".

Este sistema está dando lugar a otra cosa: en las últimas citas electorales cada vez son más los partidos que se autodenominan transversales, partidos que no se posicionan en la escala ideológica, e intentan pescar votos en el río revuelto en que se ha convertido la arena pública.

El sistema de la transición se basaba, entre otras, en un llamado espíritu de consenso; hoy, eso ha dejado paso a una radicalización cada vez mayor de unos partidos más interesados en mantener cautivo a su granero de votos, que en entablar un debate serio y riguroso.

La Transición también trajo a España, después de 40 años, el llamado "parlamento de papel"; los periódicos como elemento crítico de la sociedad, el perro guardián que frena los desmanes de los políticos. Treinta años después el panorama es totalmente diferente: unos medios hipersubvencionados se han convertido en la voz de su amo, en la correa de transmisión de ideas, globos sonda, o infundios desde el poder hasta el ciudadano.

Durante la época de la Transición nace un nuevo género radiofónico, la tertulia, un foro abierto de confrontación de opiniones entre eruditos de la oratoria; hoy esas tertulias se han convertido en reuniones de amigos, que opinan exactamente lo mismo, y se dedican a pasearse por los distintos platós para defender una y otra vez los mismos argumentos. Y además, con el valor de llamar a estas tertulias debates.

El sistema de la Transición, consagrado por la Constitución de 1978, incluía la existencia de una figura al margen de la contienda política, un garante de las libertades y las garantías constitucionales, un ente de representación y de estabilidad: el Jefe del Estado; hoy, literalmente, esa figura ha desaparecido, desde el pasado día 3 de diciembre nadie sabe nada del Rey. Su lugar al frente de la política institucional lo ha ocupado un ser siniestro y peligroso llamado Rubalcaba, o la liebre eléctrica.

El sistema de la Transición estableció una estructura territorial basada en la igualdad entre las regiones, el famoso "café para todos", Hoy vivimos más cerca del "caviar y champán para unos, y raspas de pescado para los demás".

El sistema de la Transición se ha basado en el control del ciudadano a través del temor y la persuasión: el 23 de febrero, los atentados de ETA… Ahora, el enemigo es la propia sociedad civil, representada por unos controladores militarizados de forma abiertamente ilegal por un gobierno que empieza a tomar auténticos tintes totalitarios. Además, el viejo enemigo puede estar a punto de convertirse en amigo, pero eso será mañana…

El sistema de la Transición nos mostró a unos intelectuales luchando por la libertad y la democracia. El mundo del arte se posicionó claramente por la instauración de un sistema acorde con el mundo occidental; Los que se atribuyen hoy el nombre de intelectuales antes de decidir qué defienden ponen el cazo a ver que cae, y según lo que recojan defenderán unas ideas o las contrarias.

Los sindicatos durante la transición movilizaron, y con mucha fuerza, a la gran masa obrera, Estuvieron presentes en la creación de un Estado en el que ellos tendrían mucho que decir porque representaban a muchos. Hoy los sindicatos no representan ni al 10 % de las plantillas, viven de las subvenciones, muy generosas, que reciben del Estado, y ante una convocatoria de huelga general, consiguen que aumente el consumo energético con respecto al mismo día de la semana anterior.

Todos estos elementos que hicieron grande y fuerte a la Democracia Española están en evidente peligro: Aún no vemos el nuevo horizonte, pero sabemos que no será tan claro como el que dejamos atrás, siempre y cuando, por cierto, antes no caigamos por el precipicio. No sabemos hacia dónde vamos, pero sí sabemos que no es la mejor opción. Todo está a punto de cambiar. Permanezcan atentos a sus pantallas…

 

 

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