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07
May
2011
Noche de engrudo y grapas PDF Imprimir E-mail
Lente de Aumento - En Campaña
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Los militantes de los partidos comenzaron la campaña pegando carteles

2011-05-07

Desde los primeros años del siglo XX americano, época en la que se pone de moda la campaña electoral tal y como la conocemos, ésta comienza con un ritual que, a pesar de las nuevas tecnologías, ha resistido el paso del tiempo: la pegada de carteles.

 

El pistoletazo de salida de la campaña se daba a las doce de la noche. Desde ese momento, y justo después de que el candidato pegara el primer, y simbólico, cartel, comandos de militantes de los partidos que se juegan la alcaldía saltaban a las calles.

Cada grupo llevaba uno o dos coches, un montón de carteles para pegar, un cubo lleno de viscoso engrudo y un cepillo de los que se utilizan para barrer para asegurarse de que el cartel quedase bien pegado. Su destino: colocar los carteles en los lugares asignados para cada partido.

Precisamente fue ese acuerdo al que llegaron las formaciones el que acabó con alguno de los elementos típicos de la primera noche de campaña: broncas con otros partidos para quedarse con el mejor panel, carreras vertiginosas para llegar antes que los demás, carteles arrancados minutos después de ser colocados...

Pero todo esto ha pasado a la historia, al menos, en esta ocasión. Los comandos fueron pegando los carteles, en ocasiones, a la vez que sus rivales, pero sin acritud y con absoluto respeto a los demás, y evitando así la guerra declarada en que suele convertirse una pegada de carteles.

Poco a poco, los militantes fueron cambiando la faz de la localidad, presentando las caras de los candidatos por todo el municipio. Y es que por delante tienen la difícil tarea de dar a conocer sus caras, sus nombres, sus proyectos, y las siglas por las que se presentan, una tarea que, paradójicamente, es mucho más fácil en elecciones generales que en unas locales.

Lentamente, la noche fue avanzando entre risas y viajes en coches convertidos en improvisados vehículos electorales. Al llegar a un panel designado la operación era muy sencilla: los integrantes del comando, tres o cuatro, según el partido, bajaban del coche, sin excesivo cuidado por aparcarlo bien, se acercaban al panel y, tras ponerse los guantes, lo embadurnaban, cepillo en ristre, con un engrudo viscoso de color transparente. A continuación, separaban con cuidado un cartel del montón en que estaban, y lo colocaban con cuidado sobre la superficie del panel. Después, y para asegurarse de que quedaba bien pegado, además de para eliminar las burbujas que pudieran quedar, volvían a pasar por encima el cepillo. Una vez terminada la operación, el grupo volvía a subirse al coche, y se dirigía al siguiente panel.

Aunque otros optaron por prescindir del engrudo y fijar los carteles con grapas. Como ventajas, que es mucho más rápido, y mancha menos; los inconvenientes, que destroza el panel y es un peligro para la próxima pegada de carteles.

Y así fue pasando una agradable noche de mayo hasta conseguir completar todos los espacios asignados, de tal forma que, a la mañana siguiente, toda la localidad estuviera empapelada, y vaya si lo consiguieron: todos los paneles oficiales amanecieron cubiertos de carteles, además de otros grandes carteles que ocupaban farolas, o, incluso, cruzaban la calle. Pero la colocación de estos grandes carteles era cosa de operarios con grúas. Los militantes de a pie se dedicaron a la labor de usar el engrudo y las grapas.

 

 

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