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24
Nov
2016
Gran Hermano 17 (GH 17): Expulsión Simona, Meritxell o Adara; Gala de las Sorpresas; y Miguel quema el peluquín PDF Imprimir E-mail
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Tras la salida de Clara, Bea adopta su papel en el juego

Hace una semana os decía que la “noche de las tres llamadas” estaba diseñada, única y exclusivamente, para hacer a Adara ganadora de un programa que, sin Bárbara, se le estaba escapando de las manos. Y no hay más que ver lo ocurrido durante estos días para darse cuenta de que entendió el mensaje. Así la azafata se ha tranquilizado bastante, participando en menos broncas de lo habitual, y sus rivales, al verla como un rival fácil, se han envalentonado hasta el punto de que Bea ha vuelto a ser aquella que salió expulsada hace casi dos meses.

Es más, la naranjita se ha convertido en la nueva Clara tras la salida de la de Vallecas, llegando al punto de negarse a hacer la comida a Adara y Meritxell. Y eso que el programa sigue conspirando para mejorar su imagen (y asegurarse un duelo a muerte entre Adara y ella en la final), proponiendo a Rodrigo una suerte de sorpresas para celebrar el aniversario de su primer beso (no os podéis imaginar como terminó la cosa...). Y como todos están empezando a jugar sus últimas cartas, Miguel no quiso ser menos, cerrando su sorprendente trama del peluquín a lo Rosa Benito. Pero vamos por partes, que hay mucha tela que cortar.

Y es que, aunque para el gran público esta edición terminó el día en que Bárbara salió de la casa, los que quedan dentro siguen intentando luchar por llevarse el premio de 300.000 euros, no dejando de dar juego (aunque mucho más light que en las semanas previas) a pesar de que sólo les quedan tres semanas de convivencia.

Así las cosas, la noche del jueves nos dejaba a una Simona completamente rota al verse (y razón no le falta) en la calle. Y es que la chica no entendía por qué aquellos con los que tan bien había estado durante la semana no tuvieron el menor problema en nominarla (que esto le pase a alguno de los que llevan ahí desde el principio, pase, pero que ocurra con alguien que ha visto desde fuera el programa, demuestra tener una escasísima visión periférica). Lo que Simona no comprende es que el grupo mayoritario tiene muy claro quienes son prescindibles (Alain, Meritxell y Adara), y no tienen el más mínimo problema en sacarlos a la palestra. Por cierto, ellos tres serían los nominados de esta noche de no ser porque todo apunta a que no serán los concursantes los que nominen.

El programa ha decidido alargar una semana más las nominaciones para conseguir un duelo Adara-Miguel, en el que Adara podrá ver, por fin, el striptease de Pol en el apartamento, la declaración de Miguel, y, sobre todo, el vídeo del casting en el que anuncia que le encanta romper parejas. Pero eso será la semana que viene. De momento, esta noche será la Gala de las Sorpresas, en que los familiares se reencontrarán con los concursantes en una de las noches más emotivas que se viven en este programa. Un nuevo juego del Club, esta vez introducido por Sandra Barneda, dará lugar a un cambio importante, ya que el grupo mayoritario no tendrá más remedio que dejar entrar a uno de los otros (todo apunta a que Alain en lugar de Miguel), lo que puede cambiar la relación de poder en la casa.

Pero volviendo a la semana, Simona comenzaba llorando la noche, si bien se le pasaba a la noche siguiente, durante una fiesta en que volvía a intentar acercarse a Alain. Esta vez Meritxell no se quedó callada y confesó a toda la casa lo ocurrido bajo el edredón, lo que enfadó mucho a Alain que le soltó que no había significado nada para él. Tras pasar un día separados, Adara intentó reconciliarles, algo que sólo conseguiría después de que en la casa vieran los porcentajes de expulsión. Como si de un milagro se tratase, el francés decidió volver a acercarse a una Meritxell a la que, prácticamente, había repudiado desde que supo lo de las “tres llamadas”. Obviamente, el cambio de actitud de Alain enfadó mucho a Simona, que volvía a llorar desconsolada.

Y en la otra carpeta de la casa, el programa metía mano para intentar crear algo de interés que llevase a Bea hasta la final, pero la cosa, una vez más, les salió rana. La semana comenzaba con el Super proponiendo a Rodrigo que celebrase el aniversario de su primer beso con Bea con distintas sorpresas (por supuesto, propuestas desde el confesionario) para ir calentando el ambiente de cara a pedir la hora sin cámaras.

Y así sucedió: Rodrigo fue dejando sorpresas a su chica durante cuatro días, hasta llegar al martes, en que se les concedió el momento de intimidad. Pero la cosa no salió como estaba prevista, y, tal y como contaban dentro de la casa, algo no funcionó como debía (según Bea, por falta de tiempo) dejando la velada en fiasco monumental (hay otra palabra con reminiscencias bélicas que lo define mucho mejor). Y es que el cuerpo es muy sabio, y el de Rodrigo tiene muy claro que quien le gusta de verdad es Adara. El chico pareció comprenderlo, y, al día siguiente, intentaba reconstruir aquello que comenzaba en la primera semana del concurso (veremos que ocurre, pero tal vez todavía haya posibilidad de “Adarazo” con Bea en el papel de Carol y Meri como Tatiana).

Al margen de la carpeta, Bea decidía tirar por la borda todo el papel construido por el programa desde su primera expulsión, volviendo a comportarse como un remedo de Ylenia imposible de justificar. Y es que, las “tres llamadas” fueron interpretadas por la de Valencia como que Adara podía caer, por lo que intensificó su estrategia de acoso a la azafata. Es más, tras ver los porcentajes, dio por hecho que el alto era de Adara o Meritxell, lo que se traducía en una más que polémica decisión que podría dejarla fuera de la lucha por el maletín: junto con Rodrigo, decidían no preparar la comida ni a Adara ni a Meritxell. Miguel se dio cuenta de lo mal que iba a verse algo así, y evitó que lo llevasen a efecto, pero el daño ya estaba hecho.

Sin embargo para entender la decisión de Bea hay que retrotraerse al domingo, en que Adara decidía declararse en huelga de tareas, harta de que le dijesen que no hacía nada. Esto provocaba un aumento de la tensión que estallaba el martes por la mañana en forma de gran bronca de Bea contra Adara y Meritxell, haciendo que la naranjita pidiese a Miguel que no cocinase para ellas.

Eso sí, Miguel en lugar de hacer caso a Bea, decidió cambiar de estrategia (de momento, no de bando), y comenzar un acercamiento a Adara de imprevisibles consecuencias. Así ambos limaban asperezas en una larguísima conversación ayer mismo.

Y es que Miguel ha entendido que la recta final está a la vuelta de la esquina, y que tiene que poner el turbo si quiere optar a la final. Eso sí, por aquello de poner el turbo, tal vez se haya pasado de frenada. El gallego, justo tras el retorno de los “tortolitos” de la hora sin cámaras, decidía desprenderse de su peluquín rapándose toda la cabeza, y quemando el apósito capilar (ni que decir tiene que el vídeo es historia de la televisión). Además, y por aquello de no perder el tren, Rodrigo, Bea y Simona optaban también por raparse el pelo en solidaridad.

Decía que es posible que se haya pasado de frenada al no saber controlar los tiempos del concurso. Y es que Miguel ha hecho ésto a dos días de que, cree él, se abriesen las líneas en positivo, lo que le daría el impulso necesario para dejar el vagón de cola y luchar por estar entre los primeros. Pero Miguel propone y el Super dispone, y su decisión dista mucho de la del gallego. Esta semana no se abren las líneas de ganadores, sino que continúan las nominaciones (por cierto, para cargarse al mismo Miguel), lo que puede disolver el “efecto peluquín” cuando sí se abran las líneas. Y es que, Miguel no lo sabe, pero todo apunta a que él será el último expulsado en negativo de este GH 17.

Más cosas. La prueba de la semana les tenía haciendo ejercicio, aunque sólo les exigía algo muy concreto, que era no apoyarse sobre la estructura necesaria para la prueba. Pero ni por esas. Los concursantes cometieron el doble de los fallos permitidos perdiendo otra prueba más. Como ya es habitual, el grupo mayoritario no dudó en cargar contra Adara y Meri, sin saber (o sin querer reconocer) que todos los fallos los habían cometido ellos.

La noche del martes terminaba con un buen susto, ya que Meritxell, que se piensa en la calle, decidía ahogar sus penas en alcohol provocando que terminase la fiesta vomitando y en muy mal estado. Por suerte para ella, Adara no dudó en ducharla y cuidar de ella, haciendo que la azafata afianzase unos vínculos que, hasta ahora, sólo habían sido de conveniencia.

 

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