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24
Dic
2015
Gran Hermano 16 (GH 16): Ganadora Sofía; Aritz, segundo clasificado; y el programa se despide sin revelar su último secreto PDF Imprimir E-mail
Los Blogs del Telescopio - El Choniblog
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Sofía se convierte en ganadora en una final con sabor a despedida y fin de ciclo

Ismael, Sabrina, Javito, Pedro, Fresita, Juanjo, Pepe Herrero, Naiala, Judith, Iván, Ángel, Laura, Pepe Flores, Susana, Paula y, desde anoche, Sofía. El círculo se cierra volviendo a los orígenes, y dieciseis ganadores ven el final de una historia que comenzó hace ya quince años. Y es que todo apunta a que para descubrir el secreto final de Gran Hermano tendremos que esperar aún unos cuantos meses.

Durante todo el día se estuvo especulando con la posibilidad de que Mercedes Milá cerrase para siempre su paso por el programa, pero, en el momento decisivo la presentadora no se atrevió a soltar la última bomba de la edición.

Y es que, aunque Merche no quisiera cerrar el ciclo de la forma esperada, la gala de ayer tuvo un evidente sabor a despedida y fin de ciclo. Quince años en los que ha pasado de todo dentro de la casa de Guadalix, y quince años en los que el formato que un día encerró a diez valientes allá por el año 2000 se ha desvirtuado hasta límites insospechados. Tanto es así que en esta ocasión han llegado a la final dos montajistas reconocidos, provocando el rechazo de una audiencia que dudo vaya a seguir sus paseos por los platós de la cadena.

Y es que, aunque nadie lo quiera confirmar, la gala de anoche puede haber sido la última del formato en la cadena que le vio nacer, ahora que las relaciones entre productora y cadena se han enfriado mucho más de lo esperado al comienzo de la edición. En enero la productora aterrizará en una nueva cadena de televisión con un espectacular formato reallity y eso no ha sentado demasiado bien a la cúpula, lo que, entre otras cosas, ha provocado la guerra abierta que terminaba anoche de la forma esperada desde el día uno: la aspirante a tronista se convertía en ganadora, tal y como quería la cadena, dejando toda la gala final en manos de un concursante que representaba (al menos hasta descubrirse su extraña relación previa con Han) todos los valores del formato a lo largo de estos quince años de historia.

Anoche se cerraba una etapa, un ciclo en la historia de la televisión que se ha alargado demasiado, y que perdió el rumbo en una aciaga noche en la que todo cambió: la del “indhirazo”. Desde entonces el formato se olvidó de la amistad, el juego, las estrategias y los concursantes, centrándose por completo en trios y carpetas que intentaban emular a la Khalvani.

Y desde entonces Laura, Noemí, Miriam, Susana, Paula y, desde anoche, Sofía se convertían, por obra y gracia del programa, en protagonistas de una historia repetida mil y una veces, ante el hartazgo y hastío del respetable. Una historia que, este año, ha estado a punto de acabar con el formato, pero que, desde la cadena, consideran se rentabiliza por sí sola: crea carpeteras que se dejan la pasta votando en el concurso; tronistas, pretendientes y viceceversa; carnaza para Deluxes, bolos y montajes varios; y aspirantes a entrar en nuevos reallities.

El problema llega cuando la audiencia dice que la historia que intentan venderle no le interesa, y la cadena sigue insistiendo en venderla por todos los medios imaginables, algo que provoca lo que vivimos durante noviembre, con un programa centrado en el triángulo hundido en audiencias y superado por la cadena de la competencia en la audiencia mensual del prime time.

Y frente a esto, la productora intentaba vender una historia totalmente nueva, una relación de “bromance” como casi nunca habíamos visto en GH (casi nunca, pues no podemos olvidar la amistad sincera entre Ismael e Iván; o entre Kaiet y Ángel), que, esta vez sí, fue mucho más lejos que en anteriores ocasiones. Con la destrucción del triángulo (y a pesar de que desde la cadena se intentó volver a forzarlo con una nueva repesca), la productora vio el cielo abierto para contar la historia que de verdad querían contar (por mucho que le pese a la cadena, esta será la edición de Han y Aritz): las imágenes de la pareja de amigos empezaron a llenar el programa y las audiencias volvieron a subir, hasta el punto que la expulsión de Han marcó máximo de las últimas semanas, pero una sonrisa a destiempo rompía la magia mostrando el cartón de la relación: Han dejaba entrever que ya conocía a Aritz antes de entrar, y la historia de “amistad” se rompió en mil pedazos para la audiencia.

El programa lo intentó por todos los medios, pero el porcentaje de voto del vasco no dejó de caer hasta el punto de que el martes estaba mucho más igualado de lo esperado entre los tres. La salida de Niedzela, y el consiguiente reparto de voto, provocó el milagro: los porcentajes se dieron la vuelta, y quien había estado por encima del 60% desde hace tres semanas se iba a la calle con un 40% entregando el maletín a la última “bruja” de la casa (es curioso que una edición llena de sorpasos sospechosos terminase con el único real y creible).

La noche de final comenzaba con Mercedes Milá vestida de maestra de ceremonias, con smoking y rodeada por su familia, haciendo comentarios sobre el tiempo, los ciclos y dejando entrever el último secreto del programa. Además, esta vez la fiesta no se vivió en los exteriores de la cadena (cosas de la crisis), sino en Guadalix, donde intentó reconstruirse la pasarela de los ganadores de las primeras ediciones (toda la gala giró sobre la idea del fin de ciclo, con un precioso vídeo dedicado a la casa y recuerdos muy evidentes a una historia que comenzaba un 23 de abril del año 2000).

Hasta la sierra se desplazaron dos autobuses de fans para animar a los finalistas en su último paseo por la casa, un paseo hacia el estrellato televisivo simbolizado en un fondo de luces a lo Operación Triunfo. Pero antes los concursantes visitaron una buhardilla muy especial donde se guardaban los objetos de su infancia como un último regalo antes de volver al mundo real. Atravesando una ventana Sofía y Aritz se enfrentaban al veredicto final, un veredicto que se daba como hace quince años: simplemente la fórmula tradicional, aunque esta vez pronunciada por sus compañeros de juego.

Y la decisión de la audiencia fue clara: Sofía, el perfil archirrepetido desde 2011, ganaba el programa dejando a Aritz como segundo clasificado y expuesto a una entrevista que no iba a ser fácil. Eso sí, como el vasco de Logroño (hay sorpresas hasta el último momento) tiene el temperamento que tiene, la presentadora no consiguió sacarle de sus casillas a pesar de intentarlo una y mil veces (particularmente pienso que es, precisamente, esta entrevista, con un concursante real con sus propias contradicciones e incapaz de entender sus sentimientos la que hizo que la presentadora no desvelase el secreto final).

Aritz fue inquirido por la llave, y no respondió; por su relación con Han, y tampoco lo hizo; por sus peleas con el chino; y terminó con todo el plató intentando sacarle del armario a patadas. Pero el vasco que no lo es se negó a confirmar absolutamente nada: es un ser sin etiquetas, y punto (interesante que el último tabú de esta edición de secretos haya sido algo tan desconocido para la mayoria como la pansexualidad. Si la cadena quisiese este formato podría ser hasta un gran programa educativo, además de aquel experimento sociológico con cuya vocación nació). Eso sí, las etiquetas (en concreto la de montajista) comenzaron a sobrevolar sobre Aritz cuando, y sin venir a cuento, montó una gran bronca con Marta (al tiempo, pero me da que, si la cadena quiere, vamos a ver al vasco por muchos platós...).

Y terminado el akelarre, el hombre sin etiquetas cogía a su chino de la mano y se sentaban juntos para ver llegar a una Sofía que, por no disfrutar, no disfrutó ni de la soledad del ganador. La navarra se empeñó en salir cuanto antes de la casa (tenía prisa por llegar a la Posada...), obligando al programa a darle una larga vuelta por las calles de Madrid (el foco, quiera o no la cadena, estaba en Aritz).

Sofía entraba en el plató pasada la una de la madrugada, y tras quince minutos de entrevista sobre el trío convertido en cuarteto, las preguntas volvieron a girar sobre Aritz y Han. Tan sólo veinte minutos más tarde la entrevista volvió a centrarse en la ganadora, o más bien en el juego de las “Embrujadas”, para terminar con la entrega del maletín de manos de Paula.

Y, como el fin no es más que un nuevo comienzo, la casa se apagaba pero solo por unos minutos, pues enseguida recuperaba la vida con la entrada de Rosa Benito y Rappel, los dos primeros concursantes oficiales de un GH VIP que comenzará el próximo siete de enero.

 

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