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24
Sep
2015
Top Chef 3: Expulsión Carlota; Madrid, protagonista del capítulo; y Oriol cocina para su reina PDF Imprimir E-mail
Los Blogs del Telescopio - El Choniblog
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El programa cambia la mecánica en el segundo capítulo de la temporada

Viendo que los concursantes de esta tercera edición de Top Chef son extremadamente anodinos (otra cosa es el nivel culinario, muy alto), el programa optaba por un cambio para intentar mover un poco a los aspirantes: cambiar por completo la mecánica en tres pruebas monográficas sobre Madrid.

Así, al más puro estilo “Cocineros al volante” (esperemos que no termine en el mismo nivel de reallity), los aspirantes, divididos en parejas, debían pedir ingredientes a los vecinos de la capital para preparar platos típicos de Madrid. El problema llegaba precisamente por ese handicap: los productos eran muy heterogéneos y obligaron a los concursantes a hacer malabarismos para convertirlos en algo coherente.

Eso sí, algunos no lo consiguieron (y otros, simplemente, ni lo intentaron): unas habas en conserva se convirtieron en “el amor no tiene edad”; una vichyssoise demasiado caldosa; o una curiosa menestra de callos y fresas, entre las propuestas.

Y entre ellas una que no gustó nada al jurado: Oriol y Carlota homenajeaban a las tapas madrileñas (y, tal vez, al león come gamba) con un plato combinado digno de Honorato: patatas fritas, huevo, y para rematar, unas croquetas de chorizo con genjibre, al menos originales. Horrorizado, el jurado no tuvo la menor duda de mandarlos a la prueba de eliminación (la nueva mecánica consistía precisamente en eso: en la primera prueba no se jugaban la inmunidad, sino pasar a la prueba de eliminación).

Con dos concursantes menos, y tras algún cambio de pareja, los diez que quedaban en el juego pasaron a la segunda prueba, dedicada al plato más conocido de la gastronomía madrileña: el cocido. Eso sí, los aspirantes no entendieron el concepto de “hacer una versión original” (un saludo a Carmena) del plato, y lo que hicieron fue platos con los ingredientes originales del cocido. Como ninguno de los cinco se adecuaba a las normas, el jurado, y un nutrido equipo de comensales expertos en el plato, valoraron otras cosas, como el sabor y la originalidad, lo que convirtió en el mejor el plato de Luca: un sorprendente canelón de morcillo sobre ropavieja.

Y en el otro lado, pues de todo un poco: un cocido con pimentón que acabó convirtiéndose en sopa de ajo; y un polémico paquete de morcilla que no gustó a casi nadie. Tal vez por eso los segundos nominados fueron los elaboradores del morcillagate: Alejandro y Sergio.

Con cuatro nominados tocaba pasar a mayores y escoger al segundo expulsado de la edición (ojo, que sólo se ha ido uno y ninguno consigue enganchar al público. El programa tiene un serio problema...), para lo que debían enfrentarse a una prueba muy original: cocinar con los elementos pintados en un bodegón del Museo del Prado. Para evitar que la prueba se convirtiese en una menestra (aún así ocurrió), el bodegón elegido también incluía a un pequeño pajarito, el zorzal, que debía convertirse en el protagonista del plato.

Eso sí, para usarlo era necesario desplumarlo, lo que dejó alguna de las imagenes más desagradables del capítulo. Carlota, por ejemplo, no tuvo problema en descabezar, eviscerar y trocear al pobre animal antes de decidir usar sus pechugas.

Al final, cuatro platos y mucha imaginación: Sergio ofreció un Zorzal ahumado; Alejandro un pajarito frito del Siglo XVII que se quedó crudo, y Oriol un “zorzal de mi reina” (se negó a explicar quien es la reina). El peor de los platos (según el jurado, porque hay evidentes discrepancias) fueron las pechugas de zorzal de Carlota, plato que la dejó fuera del concurso sin haber podido demostrar su cocina. Con Carlota fuera ya son dos de los trece aspirantes los que han dejado el juego y aún quedan once disputándose la victoria. Veremos como evoluciona...

 

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