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10
Sep
2014
Arganda homenajeó a su novillo indultado de la Feria de 2013 PDF Imprimir E-mail
Zona Este - Arganda del Rey
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Foto cedida por Ayuntamiento de ArgandaEncierro rápido y novillada sin triunfos en la jornada del miércoles

El 11 de septiembre de 2013, por primera vez en una historia de siglos, en la plaza de toros de Arganda se indultó a un toro, "Soñador", y por eso ayer Arganda le dedicaba un homenaje muy especial: coincidiendo con el regreso de la ganadería de Juan Pedro Domecq, se ha colocado un azulejo en el acceso al coso que recuerda la historia.

En un acto al que han asistido decenas de personas e incluso una charanga, el alcalde de Arganda del Rey ha señalado que "un novillo jabonero de la ganadería de Juan Pedro Domecq, "Soñador", herrado con el número 70, hizo honor a su nombre y nos hizo soñar, recordándonos realmente por qué nos reunimos cada tarde en esta plaza." El azulejo, instalado en la calle Juan XXIII, precisa que el indulto fue "premio a su bravura, nobleza y entrega".

Foto cedida por Ayuntamiento de ArgandaPablo Rodríguez Sardinero ha destacado en su discurso que "aquella tarde, "Soñador" y el novillero José Garrido, dialogaron con bravura y codicia hasta entenderse a la perfección." "Los años podrán borrar muchos recuerdos, pero con este acto queremos que "Soñador", Garrido, Domecq... pasen a formar parte de nuestra particular mitología taurina. Dentro de unos años, los hijos de nuestros hijos contarán lo que sus abuelos les narraron sobre la soleada tarde en la que el diálogo entre un toro y un torero les hizo levantarse de sus asientos."

El ganadero Juan Pedro Domecq también intervino para asegurar que "Arganda es un pueblo carismático", dar las gracias por el homenaje y manifestar que "en la ganadería de Juan Pedro Domecq hay una parte de Arganda." "Soñador" se recuperó de sus heridas y hoy campa por la dehesa en una finca sevillana junto a 30 vacas. Tras hacer historia en nuestro municipio, ahora la ganadería intenta que su carácter pueda transmitirse genéticamente y volver a verse en las mejores plazas del mundo.

Foto cedida por Ayuntamiento de ArgandaEl homenaje a "Soñador" era el acto central de la jornada del miércoles, pero no el único de los que se vivieron en las Fiestas de Arganda. Así, la mañana comenzaba con un encierro rápido y sin incidentes. Volvieron a correr los "juanpedros" por las calles de Arganda, y volvió de nuevo un novillo jabonero a recordarnos al ya famoso "Soñador". A las nueve de la mañana subió al cielo de nuestra localidad el chupinazo que marcaba el inicio del encierro, una carrera limpia y rápida en la que pudimos disfrutar de bonitas carreras en la calle San Juan. Una vez enchiquerados fue el turno de los toros de capea, a los que les costó algo más llegar a la Plaza y con los que corredores y aficionados disfrutaron en la calle.

Foto cedida por Ayuntamiento de ArgandaPor la tarde, jornada agridulce: el novillero David de Miranda fue el que más cerca se quedó de conseguir un trofeo, pero un pinchazo con la espada se lo arrebató. Figura recta, toreo lento, muy quieto. David de Miranda ha llegado a Arganda dispuesto a triunfar, pero se quedó con la miel en los labios al pinchar una faena que con toda probabilidad le habría supuesto la salida a hombros. A los estatuarios por alto les siguieron naturales para enmarcar a un animal que hacía amago de rajarse y al que pudo, mostrando una gran capacidad. Con el que cerró plaza, un ejemplar más parado y con peor condición, el onubense volvió a dejar en la arena argandeña muestra de su torería y repertorio.

Fernando Rey no lo tuvo fácil con el segundo del festejo, un animal con poca transmisión que acortaba la embestida buscando la figura del novillero. Disposición no faltó en un trasteo que no caló en los tendidos y que pasaportó de una estocada fulminante. Certera fue también el espadazo al quinto, con el que enseñó al público argandeño su variedad tanto con el capote como en la muleta. Muy digna la actuación del malagueño.

Diego Fernández recibió bien a la verónica al que abrió plaza, pero no supo aprovechar un novillo que repetía en la embestida y que le enganchó la muleta en demasiadas ocasiones. Tampoco se entendió con el cuarto, que le arrolló cuando se dispuso a recibirle de una larga cambiada.

 

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