30
Oct
2026
Pillan a una voluntaria de una ONG intentando meter droga en la cárcel de Alcalá Meco Imprimir
Zona Este - Sucesos Alcalá
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Los funcionarios llevaban tiempo sospechando de ella

Los funcionarios del centro penitenciario Madrid II, conocido como la cárcel de Alcalá Meco, interceptaron el miércoles a una voluntaria de una ONG que intentaba introducir más de 100 gramos de hachís en la prisión, un incidente que ha suscitado preocupación sobre la seguridad en el centro y el uso indebido de los privilegios otorgados a los voluntarios. La mujer es una voluntaria habitual en la prisión, lo que le otorga un carné que le permite acceder al recinto penitenciario, y desde hacía algún tiempo los funcionarios habían comenzado a sospechar de sus actividades, temiendo que pudiera estar utilizando su posición para introducir drogas en el penal.

Ante esas sospechas, el Grupo de Información y Control Operativo decidió actuar y, con la colaboración de perros entrenados para detectar sustancias ilegales, llevó a cabo un registro de la voluntaria justo antes de su entrada al centro penitenciario. Durante el registro los perros alertaron sobre la presencia de hachís en posesión de la mujer y, posteriormente, un registro corporal más exhaustivo reveló que escondía aproximadamente 108 gramos de hachís, por lo que se suspendió su entrada a la prisión y se notificó a la autoridad judicial sobre el incidente, un procedimiento estándar en situaciones donde se detecta la introducción de sustancias prohibidas.

Este no es un caso aislado, ya que anteriormente se han registrado incidentes en los que trabajadores externos han intentado introducir drogas en la cárcel de Alcalá Meco: en enero pasado, un jardinero del centro fue arrestado por vender sustancias dentro de la prisión y cobrar a través de Bizum por las dosis. El suceso pone de manifiesto la necesidad de una vigilancia constante en los centros penitenciarios, especialmente en lo que respecta a la entrada de voluntarios y otros trabajadores externos, y la intervención del GICO y el uso de perros detectores han sido cruciales para prevenir la introducción de drogas en el sistema penitenciario, subrayando la importancia de mantener la seguridad en estos entornos.